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		<title>Inclinándose ante el dios café</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jul 2010 09:56:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Estaba pensando escribir sobre este tema cuando leí este post de John Fischer, al que agradezco su permiso para publicarlo aquí. To read the original english version click here. Ayer me hice con una nueva taza de Starbucks. Es una versión en cerámica de la famosa taza de cartón con el conocido círculo verde. Soy [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2010/07/DiosCafe.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-316" title="DiosCafe" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2010/07/DiosCafe.jpg" alt="" width="440" height="291" /></a></p>
<p>Estaba pensando escribir sobre este tema cuando leí este post de John Fischer, al que agradezco su permiso para publicarlo aquí.</p>
<p><em>To read the original english version <a href="http://www.fischtank.com/ft/inthetankcomments.cfm?reference=905#comments">click here.</a></em></p>
<p>Ayer me hice con una nueva taza de Starbucks. Es una versión en cerámica de la famosa taza de cartón con el conocido círculo verde. Soy un admirador de la marca Starbucks y no me avergüenzo de ello. El café es mi religión. Y puedo decir que lo es porque el Cristianismo no es mi religión. De hecho, no tengo ninguna religión; yo sólo tengo una relación personal con Dios a través de Jesucristo, su hijo.</p>
<p><span id="more-313"></span>Pero tomo café religiosamente.</p>
<p>La religión es ritual, hábito, hacer ciertas cosas para llegar a ciertos resultados y aplacar al aceptable dios inclinándose, haciendo reverencias y llevando a cabo toda la penitencia necesaria para agradar a ese dios. He aprendido a inclinarme y adorar al dios café, pero no al verdadero Dios, porque el verdadero Dios no pide eso.</p>
<p>Dios quiere mi amor y devoción, pero no en forma de religión. De hecho, es bien conocido cuánto se incomodaba con aquellos que hacían una religión del hecho de conocerle. Él no quiere nuestros sacrificios, nuestra asistencia regular a la alabanza, ni siquiera la adoración de nuestros labios si no lo hacemos con el corazón. Y si nuestros corazones están con él, donde deberían estar, ninguna de estas cosas son capaces de hacernos ganar ni un solo punto en el cielo. Pueden ser una parte de nuestras vidas, pero deben fluir de nosotros como una expresión natural de nuestra relación de amor.</p>
<p>He tenido mi vieja taza de café durante 5 años por lo menos, y ahora la nueva conlleva una nueva serie de rituales a los que me tengo que ajustar. No hay problema. Puedo hacerlo: es sólo café.</p>
<p>Dios, por otra parte, puede no querer ser un viejo hábito de 10 años roto sólo por una nueva iglesia, libro devocional o modelo de disciplina personal. La disciplina está bien cuando nos lleva al autocontrol, pero Dios no quiere ser el resultado de una disciplina más de lo que tu o yo podríamos querer. Él no quiere nuestras palabras, nuestras canciones, nuestros sacrificios ni nuestra autoflagelación. Quiere nuestros corazones.</p>
<p>Una verdadera relación está basada en el amor y el deseo de estar con el otro. Eso sale del corazón. Y si no está en el corazón, ninguna cantidad de religión puede hacer que esté.</p>
<p>Mientras, para mi experiencia con el café, sigo yendo a adorar en la catedral de St. Arbucks. Mi religión del café está firmemente arraigada. Para mi, la religión se aplica al café, pero no a Dios. Dios es demasiado atrevido e impredecible como para que encaje en ningún sistema o práctica religiosa. ¿No te alegras de que sea así?</p>
<p>© 2010 John Fischer. www.fischtank.com. Para suscribirse al Fischtank <a href="http://www.fischtank.com/ft/">click aquí.</a> Subscribe Fischtank <a href="http://www.fischtank.com/ft/">here.</a></p>
<p>© de la traducción: Manuel Ordax</p>
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		<title>AVARICIA</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Jul 2010 23:39:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“La avaricia me vicia” es el primer slogan de una cadena de tiendas de electrónica de cuyo nombre no quiero acordarme, seguido por otro igual de lúcido: “Camino a la avaricia”. Nunca he visto expuesto de una forma tan clara y evidente el verdadero propósito del consumo: dejarnos llevar por el puro e incontenible deseo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2010/07/Avaricia_W.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-306" title="Avaricia_W" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2010/07/Avaricia_W.jpg" alt="" width="440" height="291" /></a></p>
<p>“La avaricia me vicia” es el primer slogan de una cadena de tiendas de electrónica de cuyo nombre no quiero acordarme, seguido por otro igual de lúcido: “Camino a la avaricia”. Nunca he visto expuesto de una forma tan clara y evidente el verdadero propósito del consumo: dejarnos llevar por el puro e incontenible deseo de poseer.</p>
<p><span id="more-304"></span>Onassis dijo: “Cuanto más posees, más te das cuenta de que no posees nada”.</p>
<p>Philip K. Dick, el visionario escritor de <em>¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?</em> describe un mundo futuro donde los humanos desean poseer animales auténticos o copias artificiales casi idénticas, ya que apenas existen animales vivos. El personaje principal es capaz de gastarse una fortuna (el precio de haber liquidado al primer androide de la lista) en el primer pago de una cabra auténtica, entrampándose por años hasta terminar de pagarla. Este lúcido libro refleja la necesidad del ser humano de tener más como la gran diferencia con los androides, que no entienden tal necesidad y la desprecian. Uno de ellos se encargará de liquidar la lujosa posesión de Rick Deckard. Éste es uno de los temas centrales del libro que sirvió de inspiración a Ridley Scott para la película <em>Blade Runner,</em> y que explica el raro título del libro. Aunque en esta magnífica película no se hace referencia ni en un momento al tema. Dick pudo ver partes del comienzo de la película y le gustaron, pero murió antes de su montaje final y exhibición pública. De haber estado vivo, estoy seguro que se habría quejado de la libertad del cineasta para interpretar su libro. Aunque, al margen de dichas licencias, <em>Blade Runner</em> es una obra maestra del cine contemporáneo.</p>
<p>“Cuánto tienes, cuánto vales” es un viejo refrán que nos ilustra la necesidad de aparentar más que ser. De hacer ver a los demás que tienes más, eres más guapo o más inteligente que los otros. Porque la raíz de este problema es la comparación con los demás. Se une aquí a la codicia, la envidia y otros “pecados capitales” definidos por la Iglesia Católica y en los que ésta ha incurrido con gravedad a través de la historia. Basta echar una mirada a la historia de los Papas y del Vaticano.</p>
<p>Hace no tantos años las necesidades básicas del ser humano eran tan mínimas que la felicidad se resumía a tener una manta con que cobijarse en invierno, un par de mudas de ropa y poder comer cada día. Nuestros padres vivieron los años posteriores a la Guerra Civil española, las cartillas de racionamiento y el hambre si habías pertenecido al bando perdedor. Mi familia vivía en un cuarto piso de 40 m2. Éramos cuatro hijos viviendo en un quinto piso de tres habitaciones sin ascensor. Mis dos hermanas dormían en un pequeño cuarto, mientras los varones dormíamos en otro más pequeño aún. Todas nuestras pertenencias cabían en un baúl y en los dos armarios que había en el piso.</p>
<p>Nuestro actual “Estado del Bienestar” nos obliga a consumir tal cantidad de objetos de poca o nula utilidad que, aunque hagamos un esfuerzo por no comprar más de lo necesario, nuestras casas se encuentran repletas y necesitamos trasteros y garajes para meter todo lo que se queda anticuado o pasado de moda. Nuestra ropa anticuada se convierte en objeto de beneficio para sociedades casi benéficas que se enriquecen vendiéndola al tercer mundo. Si nosotros pertenecemos al primer mundo, ¿cuál es el segundo? Esto no parece estar muy claro. Mi opinión es que la gran mayoría del mundo opulento pertenece al segundo mundo. El primer mundo son los que pertenecen al menos del 1% de la población que viven de tal forma su ostentosidad que son un insulto al resto de la humanidad. La frase hecha más común de un ateo es: “Si Dios existe, ¿por qué permite que haya tanta hambre en el mundo”; podría sugerirles una mejor: “¿Por qué permite que un<em> yuppie</em> de Nueva York se gaste en unos minutos 6000 dólares en un traje nuevo mientras que con ese dinero se podría alimentar a tanta gente que muere de inanición?”.</p>
<p>Dios nos hizo libres de decidir entre el bien y el mal, y ninguno estamos exentos de tal responsabilidad. Cuando elegimos el camino sin final del consumo y la avaricia, estamos eligiendo satisfacer nuestras mezquinas y egoístas necesidades al margen de una mayoría de la población del planeta que muere por falta de medicinas o de comida o agua potable. Y esto sin hablar del derecho a la educación, la igualdad y la libertad&#8230; grandes palabras de la Revolución Francesa que fracasaron antes de ser pronunciadas.</p>
<p>El hombre necesita más porque cada vez tiene menos. Menos valores, menos principios que sostener, menos objetivos que alcanzar, menos ideales por los que luchar, menos fe en sí mismo y en el Creador. Y tan grande se hace el agujero que nada que se pueda comprar lo puede llenar. Pero tampoco lo llenan las grandes acciones, las suscripciones a Amnistía Internacional o la lucha de unos pocos por dar dignidad a los pobres y necesitados.</p>
<p>Tan grande es el vacío que ni la fe en Dios lo puede llenar. Los que creemos en Dios y en el más allá nos encontramos con que necesitamos también un buen coche y buena ropa de marca para llegar allí. Incluso la lápida deberá hablar de lo que logramos. ¡Qué gran paradoja! son las tumbas las que mejor hablan de la miseria y decadencia del ser humano. Basta ver las pirámides de Egipto (tumbas al fin y al cabo) para comprender que el inapelable reloj del tiempo termina por destruir todas las riquezas y posesiones de este mundo y convertirlas en hermosos restos arqueológicos.</p>
<p>Y no estoy pretendiendo adoptar la moda de cocinar a fuego lento durante 10 horas lo que se cocina en 10 segundos en un microondas, ni de tirar la televisión a la basura para aprovechar esas preciosas horas en leer un buen libro. Ya no podemos retroceder tanto ni es necesario privarnos de las comodidades de nuestro siglo, como tampoco nuestros antepasados se libraron de las del suyo. Hablo de ser conscientes de nuestro valor como personas al margen de lo que tengamos o no. Hablo de nuestro sentimiento de realización personal al margen de nuestro título en la empresa o de nuestros éxitos profesionales. Hablo de caminar con la cabeza alta, incluso entre esos pobres que lucen todos los lujos y operaciones de estética que su dinero les permite. Porque eso es lo que son: pobres infelices que caminan con la ayuda de veinte muletas y que son incapaces de dar un paso sin ellas.</p>
<p>Y esto no tiene que ver con cuánto se tiene. Puedes ser un rico sabio que compartes con generosidad lo que te sobra. O puedes ser un pobre necio intentando aparentar que tienes más de lo que en realidad tienes y viviendo de la tarjeta de crédito para sentirte “alguien”.</p>
<p>En la parábola del sembrador, Jesús habló de aquellos que recibían la semilla con alegría pero después, la ansiedad y el deseo de las riquezas, les hacían quedarse sin fruto. (Mateo 13:22). En el Nuevo Testamento, ésta es la única parábola que Jesús explicó; y sólo a sus discípulos. En el versículo 14, es él mismo el que dice estas duras palabras: “al oír oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis”. Porque nuestros sentidos están embotados por lo que nos rodea y somos incapaces de ver y escuchar lo que realmente nos conviene. Necesitamos el colirio de la verdad para que nuestros ojos se abran y podamos ver; y el bastoncillo de la honestidad para limpiar nuestros oídos y poder escuchar lo que nos conviene: Que no somos parásitos sino humanos; que no perdemos nuestro valor porque perdamos un trabajo, que cuanto menos tenemos, más somos; que cuanto más compartimos, más recibimos; que cuanto más perdemos más ganamos&#8230;</p>
<p>&#8230;Porque uno lo perdió todo por amor y es el que se sentará en el gran trono al final de esta historia que estamos viviendo.</p>
<p>© Manuel Ordax</p>
<p>© <em>¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheeps?).</em> Philip K. Dick (1968) <a title="La Casa del Libro. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" href="http://www.casadellibro.com/libro-suenan-los-androides-con-ovejas-electricas-blade-runner/206613/2900000206826" target="_blank">Edhasa / Pocket</a>. También disponible en <a title="Amazon. Do Androids Dream of Electric Sheep?" href="http://www.amazon.com/Androids-Dream-Electric-Sheep-ebook/dp/B000SEGTI0/ref=tmm_kin_title_0?ie=UTF8&amp;m=A317O7WZ1CN6AQ" target="_blank">Amazon</a> para kindle, en inglés</p>
<p>Para conocer más sobre <a title="Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" href=" http://www.taringa.net/posts/ebooks-tutoriales/1286003/¿Sueñan-los-androides-con-ovejas-electricas-(Philip-K_-Di.html" target="_blank">Philip K. Dick y su libro</a></p>
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		<title>useful / used</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jun 2010 09:36:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Can I be of use to you in something?  Can I help you?” With this I don’t mean you could take out my eye for a transplant or that I could stay an entire afternoon talking with you. There a lot of difference between use and abuse, between feeling useful and feeling used.  When I [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Can I be of use to you in something?  Can I help you?”</p>
<p>With this I don’t mean you could take out my eye for a transplant or that I could stay an entire afternoon talking with you.</p>
<p>There a lot of difference between use and abuse, between feeling useful and feeling used.  When I am of use to you, I feel good, and I am likely to stay by your side in case you need me for something else.<span id="more-297"></span></p>
<p>But when you use me, I feel bad, like a dirty dish towel.  I don’t want to let you use me again because you don’t value what I offer you, but just that I have been of some value to you.</p>
<p>And it’s in the concept of value where the main problem arises.  Am I of value to you for what I do or for who I am?  Do you look for me for what you see in me or for what I can do for you?</p>
<p>When you look at me and ask me for a favor, you are seeing only my skills and to what extent these can be useful to you in something…it’s as if when you see a pig, you only see future chops, sausages and hams.</p>
<p>At any moment in the process, have you really been interested in me?  And if you have, was it just to look good and so it wouldn’t be noticed that you only wanted to use me?</p>
<p>We can easily get infected with the psychological techniques of the marketing specialists.  Those responsible for Human Resources only see in the person in front of them the potential to do a concrete job.  And when they ask, “How’s the family?” in reality they only want to know if one is married, divorced, or has children.  Many people do the same thing in their social relationships of any kind, including with their closest friends.</p>
<p>Yesterday you used me.  Today you used me.  Tomorrow I will think before I get near you.  But if you seek me and really want to spend time with me, if you are sincere when you ask “How are you?” and you even expect an answer that’s not just “well,” because your eyes and ears are attentive,…then I assure you, you will get more from me than you think.  I will offer you everything because you value me, whether I do something for you or not, whether I am useful for something.</p>
<p>It is difficult to do a favor and know that if you hadn’t done it, they would have treated you with the same affection.</p>
<p>I am not a vending machine, or a kitchen robot, or even a toothbrush.  I am a person first and before anything.  And I am looking for someone who values me for what I am because I am fed up with those who only value me for what I can do.</p>
<p>And in this process money is also important, although it is not the most important thing. I am very happy to do some work for free if it is worth it.  But if you take it for granted that I have to do it for you for free, you are wrong again.</p>
<p>A great friend* explained it with a good example:  “Let’s say if I have an actor friend and he invites me to one of his performances.  Because I am a friend, I am likely to pay for a seat in the first row.  Not just because I am his friend would I expect him to give me a free pass, because then I am not helping or supporting him in his work.  As he interests me as a person and an actor, I want to pay my entry.”  Or buy his CD instead of copying it illegally.  Or buy his book instead of asking a friend to lend it to me.  Or pay for his work, although later it doesn’t suit me for some reason.  If not, I again make him feel “used.”</p>
<p>Once someone from London ordered a logo for a theater.  When the proposal arrived, they answered me amiably that there had been a misunderstanding.  They had given the same request to someone else and it was already accepted.  They also told me that my work was high quality, they liked it very much, and their response came accompanied by a voucher for a small amount in exchange for my expenses or a minimal appraisal for my time and work.</p>
<p>I believe this is a good example of how to work ethically.</p>
<p>Don’t rob me of my hours or my talent.  Don’t even try to ask me for a favor for nothing.  Don’t use me and throw me away like a piece of tissue.  Can you do something for me in exchange?  You can return the favor, give me some of your time, make me a gift, or pay me something that, although it doesn’t reflect the real value of the work, serves to let me know that you value my hours of effort.</p>
<p>I would love to be useful to you, in the past, in the present, and in the future.  And so each time I could look at myself in the mirror and feel good about myself.  Not like a used kitchen towel, dirty and thrown into a crumpled ball in some corner of the kitchen.</p>
<p>Thank you for making me feel “useful.”  Don’t make me feel “used” again.</p>
<p>© Manuel Ordax  (*Thanks to Nigel Goodwin for his example)</p>
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		<title>útil / usado</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jun 2010 22:10:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[personal]]></category>
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		<description><![CDATA[“¿Puedo serte de utilidad en algo? ¿Puedo ayudarte?”. Con esto no quiero decir que puedas sacarme un ojo para un transplante ni que quiera estar una tarde entera hablando contigo. Hay mucha diferencia entre el uso y el abuso, entre sentirse útil y sentirse usado. Cuando te soy útil me siento bien y estoy dispuesto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2010/06/UtilUsado.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-278" title="UtilUsado" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2010/06/UtilUsado.jpg" alt="" width="440" height="291" /></a></p>
<p>“¿Puedo serte de utilidad en algo? ¿Puedo ayudarte?”.</p>
<p>Con esto no quiero decir que puedas sacarme un ojo para un transplante ni que quiera estar una tarde entera hablando contigo.</p>
<p>Hay mucha diferencia entre el uso y el abuso, entre sentirse útil y sentirse usado. Cuando te soy útil me siento bien y estoy dispuesto a seguir a tu lado por si en otra ocasión me necesitas.<span id="more-277"></span></p>
<p>Pero cuando me usas me siento mal, como un trapo de cocina sucio. No quiero volver a dejarme usar por ti porque no valoras lo que te ofrezco, sino sólo en qué te he sido de valor.</p>
<p>Y es en el concepto de valor donde surge el principal problema. ¿Valgo, para ti, por lo que hago o por lo que soy? ¿Me buscas por lo que ves en mí o por lo que puedo hacer por ti?</p>
<p>Si cuando me miras y me pides un favor estás viendo sólo mis capacidades, y en qué medida éstas te pueden ser útiles en algo&#8230; es como si al ver un cerdo sólo vieras las futuras chuletas, chorizos y jamones.</p>
<p>¿En algún momento del proceso te has interesado por mí realmente? Y, si lo has hecho, ¿era para quedar bien y para que no se notara tanto que sólo querías usarme?</p>
<p>Fácilmente nos contagiamos de las técnicas psicológicas de los especialistas en marketing. Los responsables de Recursos Humanos sólo ven en la persona que tienen enfrente el potencial para una tarea concreta. Y cuando le preguntan: “¿Qué tal la familia?”, en realidad sólo quieren saber si está casado, divorciado o con hijos.</p>
<p>Muchas personas hacen lo mismo en sus relaciones sociales de cualquier tipo, incluso con sus amigos más cercanos.</p>
<p>Ayer me usaste. Hoy me usaste. Mañana me lo pensaré antes de acercarme a ti.</p>
<p>Pero si me buscas y te encanta pasar tiempo conmigo. Si eres sincero cuando me preguntas “¿Cómo estás?” e incluso esperas una respuesta que no sólo sea “bien”, porque tus ojos y oídos siguen atentos&#8230; Entonces, te aseguro, sacarás más de mí de lo que crees. Te ofreceré todo porque me valoras, haga o no haga algo por ti. Te sea o no útil para algo.</p>
<p>Es muy difícil hacer un favor y saber que si no lo hubieras hecho te habrían tratado con la misma simpatía.</p>
<p>No soy una máquina expendedora, ni un robot de cocina, ni siquiera un cepillo de dientes. Soy persona, primero y antes de nada. Y busco a alguien que me valore por lo que soy. Porque de los que me valoran por lo que hago ya estoy harto.</p>
<p>Y en este proceso importa también el dinero. Aunque no es lo primordial. Estoy encantado de hacer un trabajo gratis si merece la pena. Pero si das por sentado que te lo tengo que hacer gratis, te equivocas de nuevo.</p>
<p>Un gran amigo* lo explicaba con un buen ejemplo: “Si tengo un amigo actor y me invita a una de sus actuaciones, porque soy su amigo estoy dispuesto a pagar por una butaca en primera fila. Y no porque soy su amigo quiero que me regale una entrada. Porque entonces no estoy ayudándole ni apoyándole en su trabajo. Como me interesa como persona y como actor, quiero pagar mi entrada”. O comprar su disco en lugar de copiarlo ilegalmente. O comprar su libro en lugar de pedírselo prestado a un amigo. O pagar por su trabajo aunque luego no me sirva por alguna circunstancia. Si no, vuelvo a hacerle sentir “usado”.</p>
<p>Una vez me encargaron desde Londres un logotipo para un teatro. Cuando les llegó la propuesta, me respondieron amablemente que había habido un malentendido y le habían encargado a otra persona el mismo trabajo y ya estaba aceptado. También me decían que mi trabajo era de gran calidad, que les gustaba mucho, y su respuesta vino acompañada por un talón de una pequeña cantidad en concepto de gastos o valoración mínima por mi tiempo y mi trabajo.</p>
<p>Creo que es un buen ejemplo de la forma de trabajar con ética.</p>
<p>No me robes mis horas y mi talento. No intentes ni siquiera pedirme un favor por nada. No me uses y me tires como un pañuelo de papel. ¿Puedes hacer algo por mí a cambio? Puedes devolverme el favor, dedicarme algo de tu tiempo, hacerme un regalo o pagarme una cantidad que, aunque no sea el valor real del trabajo, sirva para hacerme saber que valoras mis horas de esfuerzo.</p>
<p>Me encantaría serte útil, en el pasado, en el presente y en el futuro. Y que cada vez pueda verme en el espejo y sentirme bien conmigo mismo. No como un trapo de cocina usado, sucio y hecho un gurruño tirado en alguna esquina de la cocina.</p>
<p>Gracias por hacerme sentir “útil”. No vuelvas a hacerme sentir “usado”.</p>
<p><em>© Manuel Ordax (*Gracias a Nigel Goodwin por su ejemplo)</em></p>
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		<title>EXPECTATIVAS / EXPECTATIONS</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jan 2010 19:03:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[faith issues / cuestión de fe]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>

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		<description><![CDATA[Me encierras con tus expectativas, me encierras con tus expectativas. Perdiendo la presión con la que me obstruyes, no puedo respirar, no puedo respirar. Expectations (© Leslie Phillips, “The turning”) Somos prisioneros de una constante expectativa. Esperamos que el autobús llegue a tiempo, que nos llegue el turno para pagar en el supermercado, que el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2010/01/Expectations1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-261" title="Expectations" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2010/01/Expectations1.jpg" alt="" width="440" height="291" /></a></p>
<p><em><strong>Me encierras con tus expectativas,</strong></em></p>
<p><em><strong>me encierras con tus expectativas.</strong></em></p>
<p><em><strong>Perdiendo la presión con la que me obstruyes,</strong></em></p>
<p><em><strong>no puedo respirar,</strong></em></p>
<p><em><strong>no puedo respirar.</strong></em></p>
<p><em>Expectations (© Leslie Phillips, “The turning”)</em></p>
<p><span id="more-253"></span></p>
<p>Somos prisioneros de una constante expectativa. Esperamos que el autobús llegue a tiempo, que nos llegue el turno para pagar en el supermercado, que el jefe reconozca nuestro esfuerzo y nos suba el sueldo, que nuestro cónyuge reconozca nuestros méritos, que nuestros hijos nos agradezcan la dedicación, que nuestros amigos nos llamen por teléfono, que cobremos una deuda pendiente, que Dios nos visite y nos diga eso de “Muy bien, hijo mío…”.</p>
<p>Esperamos y esperamos, en definitiva, que sucedan las cosas que nos gustaría que ocurrieran pero que, por diferentes motivos, no suelen hacerse realidad.</p>
<p>La sociedad de consumo nos rodea con su abrazo pegajoso y convincente. Sólo con estar expuestos media hora al televisor con su dosis de anuncios, somos trasladados a un mundo deformado. Un lugar donde necesitamos urgentemente comprar un coche más nuevo para ser admirados en la sociedad, vestir cierta marca para proyectar una buena imagen, usar tal crema para rejuvenecer las arrugas del tiempo, operarnos en cierta clínica para tener un vientre plano, o más pecho o más pelo o los dientes más blancos&#8230; Inconscientemente dejamos que esos pensamientos, no filtrados, se queden y ocupen un lugar en nuestra lista de expectativas. ¿Por qué no? Siempre puede llegar un día en que nos toque el cupón o la lotería… y hagamos realidad nuestros sueños.</p>
<p>Porque todos tenemos derecho a soñar. Y quizá aquí llegamos al punto más quebradizo de este esquema fatídico. ¿Quién no sueña con hacer un viaje a un país lejano, dormir en una habitación de hotel lujoso, comprar una joya valiosa o conducir un deportivo? ¿Qué hay de malo en soñar?</p>
<p>Mientras dejemos que estos sueños permanezcan en nuestra lista de deseos, les estamos dando derechos para controlar nuestras emociones. Les dejamos que nos hagan sentir infelices o no realizados cuando no se cumplen.</p>
<p>Y todas estas expectativas se convierten en candados que nos van encerrando en una habitación oscura, de donde sólo podremos salir con una llave, la del dinero. Asi que nos vemos obligados a ganar dinero, como sea; a conseguirlo incluso de forma ilícita o pagando el precio de ignorar nuestra salud o las necesidades de nuestros seres queridos. El dinero es lo único que nos podría hacer felices, cuando lo tengamos llegaremos a sentirnos realizados y completos, podremos dejar de trabajar para dedicarnos a lo que realmente nos gusta&#8230; ¿Es cierto? Si analizamos a las personas que han recibido una gran cantidad de dinero inesperadamente, descubriremos todo lo contrario. No sólo no se han liberado de cadenas, sino que se han echado encima un buen montón más: comprando un coche que les obliga a pagar más impuestos, una casa en un barrio donde si quieren ser aceptados tienen que mantener un nivel abusivo de gastos, sosteniendo un nivel de vida tan alto del que difícilmente pueden bajar sin sentirse fracasados&#8230; En definitiva, son más esclavos que cuando pertenecían a la clase media con sueños de éxito.</p>
<p>La Biblia nos dice:</p>
<p><em>“Dios está harto de los orgullosos. Él se deleita en la gente normal. Así que estad contentos con quien sois, y voléis por los aires. La poderosa mano de Dios está en ti. Él te levantará a su tiempo. Vive despreocupado delante de Dios, porque Él tiene el máximo cuidado de ti”. 1ª Pedro 5:6-7. Traducción libre de The Message</em></p>
<p>Y estos pasajes son de una actualidad irresistible. Es un mensaje tan radicalmente opuesto al de nuestra sociedad de consumo, que apenas podemos entenderlo. Eso de “Estar contentos con nosotros mismos seamos como seamos” no sólo significa aceptarnos como somos (con más o menos defectos) sino aceptar nuestra situación, nuestro físico, nuestras limitaciones, nuestro trabajo o falta de trabajo&#8230;</p>
<p>&#8230;Aceptar, completamente, la situación presente como lo que nos toca vivir, con naturalidad, sin culpa ni amargura.</p>
<p>La poderosa mano que muchas veces nos hace agonizar rodeados de dificultades es la misma que tiene el control absoluto de nuestra situación y, a su debido tiempo, nos levantará. Si Dios nos cuida con suma dedicación y esmero, ¿qué nos preocupa? ¿Qué problema no tiene solución? Y si no la tiene, ¿para qué afanarse entonces?</p>
<p>Pero el hecho de despreocuparnos significa perder el control de la situación. Mientras lo hacemos, parece que estamos haciendo algo por solucionar los problemas. Dejar de hacerlo nos dejaría vacíos. Y, al mismo tiempo, no nos terminamos de creer que Dios —con lo ocupado que debe estar— pueda tener control sobre mi situación en todos los detalles. Si a esto lo llamáramos falta de fe, nos sorprenderíamos; pero eso es lo que es: falta de confianza en Dios.</p>
<p>Si alguien interpreta estas palabras como una excusa para echarse en la cama y dejar de esforzarse día a día, es que no ha entendido lo esencial. El esfuerzo, el trabajo, el llamar a las puertas que se nos presentan y hacer todo lo que esté en nuestra mano es a lo que somos llamados. Pero hay una diferencia notable entre hacerlo pensando que de ello dependemos completamente (y que nuestro futuro descansa sobre la frágil base de nuestro esfuerzo), o hacerlo sabiendo con certeza que Dios actúa según su conocimiento de todas las cosas y su buen plan para nosotros. Él sabe usar nuestro esfuerzo, nuestros dones y nuestra capacidad para bordarlos en el tapiz que está tejiendo en nuestra vida. Nuestro trabajo no es en vano, pero al final el artista es Él. ¿Y quién si no? ¿Quién puede hacerlo mejor? La comparación sería como entre un dibujo de un niño de 3 años y la Capilla Sixtina.</p>
<p>Mi ansiedad está formada por un montón de expectativas de muy difícil cumplimiento. Y mi descanso está basado en la autoridad y sabiduría del que hace las cosas mejor que nadie. Es más, nuestra ansiedad ocupa tanto espacio en nuestra mente que con frecuencia impedimos que Él desarrolle su plan con libertad. Porque siempre, como amable consejero, respeta nuestras decisiones por más necias que éstas sean. Si decidimos contraer el gesto en un amargo rictus de preocupación, las arrugas rodearán nuestro rostro. Si nos relajamos en su presencia de una forma cotidiana, nuestro gesto distendido reflejará una mayor sabiduría, la del que no depende de lo que tiene o de lo que demuestra ser para estar satisfecho.</p>
<p>Quizá entonces llegue su mano para ponernos en alto. O puede que ocurra lo que esperamos, o que no. Pero, ¿qué importa ya? Nuestro tiempo, nuestra salud, nuestro dinero, nuestras expectativas ya no nos pertenecen. Estamos en las manos del gran cuidador. El que no pierde detalle y sabe perfectamente lo que necesitamos en cada momento.</p>
<p>¿Nos atreveremos a creer? Es algo parecido a tirarse al vacío&#8230; pero con red.</p>
<p>© 2010 Manuel Ordax</p>
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		<title>Hola, 2010</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Dec 2009 22:29:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[2010, como un cuaderno sin pautas. Nuevo, recién comprado, oliendo aún a imprenta. Como a principio de curso, con la cartera impecable y los libros sin abrir. Con todas las asignaturas por aprender, con amigos por descubrir, con enemigos que evitar. Una aventura en el mismo planeta, sin necesidad de efectos especiales ni 3D, con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-242" title="Navidad2010_W" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2009/12/Navidad2010_W.jpg" alt="Navidad2010_W" width="440" height="291" /></p>
<p>2010, como un cuaderno sin pautas. Nuevo, recién comprado, oliendo aún a imprenta. Como a principio de curso, con la cartera impecable y los libros sin abrir. <span id="more-241"></span>Con todas las asignaturas por aprender, con amigos por descubrir, con enemigos que evitar. Una aventura en el mismo planeta, sin necesidad de efectos especiales ni 3D, con las mismas luces y el mismo paisaje, pero viendo todo desde un poco más arriba. Porque los zapatos se nos quedaron pequeños y vemos más que antes.</p>
<p>Este es el libro que no termina, páginas que dan lugar a otras páginas, todavía por escribir. Miles de palabras inarticuladas que van apareciendo día tras día, con una promesa de esperanza oculta bajo una apariencia gris. Sólo ve quien quiere ver… y sólo quien se atreve a seguir descubrirá la salida de este denso bosque que ha sido 2009.</p>
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		<title>Los hombres pequeños</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 09:11:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Todos los hombres pequeños tienen pequeñas estanterías repletas de sus pequeños libros dentro de sus casas pequeñas. Sus pequeños ojos siguen las letras diminutas con dedicación. En sus mentes pequeñas se abren nuevos horizontes y pueden crecer, pero nosotros sabemos que es sólo una sensación. Porque siguen siendo pequeños cuando cierran el libro. Necesitarían recorrer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-234" title="HombresPequenos_W" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2009/10/HombresPequenos_W.jpg" alt="HombresPequenos_W" width="440" height="291" /></p>
<p>Todos los hombres pequeños tienen pequeñas estanterías repletas de sus pequeños libros dentro de sus casas pequeñas.<span id="more-233"></span></p>
<p>Sus pequeños ojos siguen las letras diminutas con dedicación. En sus mentes pequeñas se abren nuevos horizontes y pueden crecer, pero nosotros sabemos que es sólo una sensación. Porque siguen siendo pequeños cuando cierran el libro. Necesitarían recorrer todo el laberinto de una biblioteca para ser la mitad que nosotros.</p>
<p>Sin embargo, algunos han llegado a crecer bastante sin haber leído muchísimos  libros. Es un misterio indescifrable que, siendo tan pequeños, puedan crecer tanto.</p>
<p>Mientras, nuestra labor sigue siendo la de alejarles todo lo posible de esos pequeños libros que les hacen creerse más altos.</p>
<p><em>(Para Montse y Javi de Berlín)</em></p>
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		<title>NO LINE ON THE HORIZON*</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Sep 2009 18:42:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Citaba Borges a Nicolás de Cusa, para quien “toda linea recta es el arco de un círculo infinito”. Si nos acercamos a observar la naturaleza que nos rodea, nos resultará evidente que la línea recta no existe. Gaudí huyó de ella durante toda su vida, dejándonos hermosas muestras de arquitectura curvilínea e irregular. Van Gogh [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><img class="alignnone size-full wp-image-215" title="NoLineHorizon_W2" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2009/09/NoLineHorizon_W2.jpg" alt="NoLineHorizon_W2" width="440" height="291" /></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"> </span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;">Citaba Borges a Nicolás de Cusa, para quien “toda linea recta es el arco de un círculo infinito”.</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><br />
</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;">Si nos acercamos a observar la naturaleza que nos rodea, nos resultará evidente que la línea recta no existe. Gaudí huyó de ella durante toda su vida, dejándonos hermosas muestras de arquitectura curvilínea e irregular. Van Gogh jamás pintó una línea recta. Picasso tampoco. Lo más recto que vieron sus inspirados pinceles fue el bastidor de sus lienzos.<span id="more-200"></span></span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"> </span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;">La línea recta en el mundo del arte está relacionada con las construcciones humanas. La necesidad que tenemos de enderezar nuestro ángulo visual de alguna manera. Igual que ponemos recto sin darnos cuenta un cuadro torcido o los papeles que se salen de un montón, necesitamos poner recto nuestro efímero entorno para sentirnos protegidos. Los griegos llegaron incluso a usar la curva para aparentar una recta, como en la enormes columnas del Partenón.</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><br />
</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;">El extremo de poner de moda las líneas rectas surgió en Alemania, cuando a partir de la Bauhaus nos encontramos con las primeras tipografías “de palo” (Helvética, Akzident Grotesk, Frutiger&#8230;), los primeros edificios donde dominaba la recta implacable (Mies Van der Rohe&#8230;) o el arte de líneas y recuadros de Mondrian. Pero a la larga tanta recta nos termina por saturar los ojos. Últimamente la moda suele desviarse de esta tendencia (Frank Gehry en arquitectura o Philip Stark en diseño por poner algunos ejemplos).</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><br />
</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">Los avances tecnológicos han permitido desarrollar unos zapatos <a title="advertising of mbt anti shoe" href="http://us.mbt.com/" target="_blank">(MBT)</a> que están basados en la forma de caminar de los masai, la tribu con la espalda más sana (que no recta) y menos problemas óseos del mundo. Imitan el caminar sobre una superficie inestable e irregular, lo opuesto a la rectitud del perfil de la mayoría de los zapatos y de la superficie que pisamos en nuestras ciudades.</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">Parece que cada vez que el hombre llega a un lugar, necesita poner algo recto para hacerlo suyo. Neil Armstrong tenía que poner una bandera de USA completamente estirada y recta en la luna. Por fortuna, una vara falló y la parte inferior de la bandera se quedó como si estuviera ondulando por un viento inexistente. Es uno de los miles de casos en los que el hombre no ha conseguido imponer sus obsesivas rectas. Llegamos a un monte y lo rebajamos, alisamos y enderezamos para poder construir en él&#8230; pero la naturaleza emerge con el tiempo y rompe, tuerce y domina sobre las construcciones. Entre las baldosas de la acera revientan las florecillas o el cesped o las raíces de un árbol cercano&#8230;</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">La necesidad que tenemos de enderezar lo curvo es una muestra más de nuestra incertidumbre. No hay nada recto, nada a lo que podamos aferrarnos que nos dé la seguridad que anhelamos. Ninguna piedra es recta ni nuestras expectativas pueden verse cumplidas ni nuestras necesidades cubiertas realmente. Estamos en un mundo que cojea, sobre una mesa de cuatro patas inestable e incómoda.</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">Tolkien imaginó una comunidad feliz de hobbits que vivían en casas bajas, adaptadas a las faldas de los montes, con ventanas y puertas redondas. Me identifico más con un mundo así, más basado en la curva que en la recta. Algo que nos recuerde nuestra fragilidad e impotencia. Necesitamos ser curvilíneos y dejar de intentar enderezar todo.</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">Nuestra intensa búsqueda de verdad y sinceridad nos lleva a una sola conclusión: nada es lo que parece y nada podemos controlar realmente de lo que sucede. ¿No sería mejor aceptar, humildemente, esta incapacidad y disfrutar cada día de las hermosas curvas que la creación nos revela?</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">Cuando mires el horizonte la próxima vez, imagina que no es más que una curva inmensa, el frágil pellejo de un planeta redondo y hermoso donde no hacemos mas que demostrar que somos alumnos empeñados en suspender las asignaturas más sencillas para aprender a convivir.</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"> </span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;">No hay línea recta en el horizonte.</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><br />
</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><em>*Título del último disco de U2 publicado en 2009. Puedes ver la letra del tema &#8220;No line on the horizon&#8221; </em><a title="No line on the horizon lyrics english spanish" href="http://u2fanlife.com/u2-albums/u2-no-line-on-the-horizon/no-line-on-the-horizon-lyrics-letra" target="_blank"><em>aquí.</em></a></span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><em><br />
</em></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El niño y el gigante</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Jun 2009 21:10:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Había una vez un niño que, no teniendo padre ni madre, vivía solo con un Gigante en medio de un profundo bosque. Las cosas habían sido así durante tanto tiempo que ya no podía recordar, y ya que siempre fue tan feliz, nunca se le ocurrió preguntarse por qué habían llegado a ser así. ¿Cómo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><a href="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2009/06/ManSymbol2.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-273" title="ManSymbol2" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2009/06/ManSymbol2.jpg" alt="" width="440" height="291" /></a></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">Había una vez un niño que, no teniendo padre ni madre, vivía solo con un Gigante en medio de un profundo bosque. Las cosas habían sido así durante tanto tiempo que ya no podía recordar, y ya que siempre fue tan feliz, nunca se le ocurrió preguntarse por qué habían llegado a ser así. ¿Cómo vivía el Gigante? Cada noche, cuando el niño dormía, solía deslizarse hasta la aldea más próxima donde agarraba algún hombre o mujer y se los comía. Así es como se mantenía vivo, y es perfectamente cierto, aunque nunca le dijo nada al niño sobre ello.<span id="more-185"></span><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Un día, sin embargo, ocurrió que por accidente pronunció la palabra “hombre” mientras hablaba con el niño. Siendo como era un niño que no recordaba haber visto ningún ser vivo excepto el Gigante mismo y las bestias del bosque, le preguntó: “¿Qué es un hombre?”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Un hombre”, contestó rápidamente el Gigante, sintiendo que había cometido un error, “es &#8211; bueno es una cosa sin importancia”. Y mientras hablaba observó agudamente al niño. No se podía negar, ¡el niño estaba creciendo!. Resulta que al Gigante nunca se le ocurrió antes que tal cosa pudiera suceder porque a pesar de su enorme tamaño, era tan tonto como una vieja oveja. Encontrando a las bestias y aves demasiado listas para él, había robado al niño de su padre y madre algunos años atrás para que fuera su compañero. Y ahora, pensó el Gigante, el niño crecerá y será igual de listo que los demás, y entonces ya no tendré a nadie para jugar. ¿Qué haré? Y sus grandes ojos se llenaron de lágrimas. Porque, a pesar de su crueldad, tenía el corazón de un gran niño y le gustaba jugar juegos de niños.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Al final recordó haber oído que el Búho era la más sabia de las aves y decidió ir a pedirle consejo, porque el Gigante podía entender el lenguaje de las aves y las bestias, aunque el niño no.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Fue al Búho, a quien encontró perfectamente quieto en la rama de un gran olmo.”¿Cómo puedo hacer que el niño deje de crecer y se haga listo?” preguntó.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>El Búho levantó un ala como medio metro hacia la derecha y puso la cabeza muy derecha a un lado.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Te lo enseñaré”, dijo, “Esta noche, cuando el niño duerma, abre tu pecho y coje una de las cuerdas de tu corazón. Con ella haz un Arpa Eólica, tensándola entre dos árboles. Asi el niño quedará encantado con la música incesante, que el viento hará en el arpa, y así no <em>querrá</em> crecer. Y por lo tanto no lo hará. Y después de eso&#8230;” Pero aquí el Búho se paró en seco, pensando que quizá después de todo no debería decirle al Gigante qué otra cosa ocurriría cuando hiciera el Arpa Eólica con las propias cuerdas de su corazón.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Si”, dijo el Gigante entusiasmado, “y después de eso”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Asegúrate de contarle que nunca y por ninguna circunstancia corte o rompa la cuerda. Porque si la cortara, el niño crecería repentinamente todos los años que hubiera perdido mientras tanto. Y después de eso&#8230;” Pero aquí el Búho se detuvo de nuevo, pensando que quizá después de todo no debería decirle al Gigante qué ocurriría si el Arpa Eólica se rompiera.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Si”, dijo el Gigante, “Después de eso&#8230;”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Después de eso&#8230;” dijo el Búho, “Es mi hora de dormir. Que tengas un buen día”. y levantando su ala medio metro a la izquierda, colocó su cabeza muy recta, colgó sus hombros rodeando las orejas, guiñó un ojo y se puso a dormir con los dos ojos completamente abiertos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Asi fue que esa noche el Gigante hizo como el Búho le había dicho, y cuando el niño despertó por la mañana quedó encantado con la música incesante que las brisas cambiantes hacían, temblando a través de la cuerda del corazón del Gigante, que estaba estirada muy tensa entre dos árboles, y podría estar sentado por días sin fin escuchando el melancólico y mágico sonido y observando las continuas ondas en la superficie de una pequeña laguna que se había formado debajo de los árboles durante la noche. Porque como el viento soplaba a veces más fuerte y otras más débilmente, atravesaba la cuerda del arpa y la hacía sonar, y hacía que las ondas a veces fueran más altas y otras más bajas y el sonido parecía ahora más fuerte y de nuevo más suave, así día y noche el viento nunca amainó, y día y noche hubo ondas ondeantes y las cuerdas sonaron.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Además (y esto fue lo primero que el Búho pensó de repente que quizá fuera mejor no decirle al Gigante), el efecto de esta maravillosa nueva música era tal que el niño ahora podía comprender el lenguaje de las aves y las bestias igual que el Gigante podía. Ésta era una nueva fuente de placer. Podía escuchar y escuchar todo lo que ellos se decían unos a otros, y era feliz durante todo el día. El Gigante también era feliz porque ahora sentía que se había asegurado para sí un compañero y para siempre.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Un día el niño esta sentado bajo el Arpa escuchando perezosamente su música, y a la vez a dos o tres jóvenes golondrinas bastante traviesas que daban vueltas cayendo y subiendo a través del aire del verano con pequeños y agudos gritos de placer. El niño se dio cuenta de que cada golondrina gritaba muy agudo algo cada vez que pasaba por cierto olmo que estaba en la cercanía. Sintió curiosidad, asi que se levantó y caminó hacia allí. Ciertamente allí había un viejo Búho sentado en una de sus ramas, muy quieto y solemne, como un viejo y feo profesor con anteojos redondos sobre su nariz. Y cada vez que alguna de estas jóvenes y maleducadas golondrinas se enfilaban hacia el Búho, gritaban algo parecido a esto:</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Búho, Búho</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Con tu enorme y fea papada</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>si que eres de los pájaros una pasada.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Esperaban irritarle. Pero el viejo y sabio pájaro simplemente permanecía sentado allí, sin dar importancia a nada, y el niño no podía siquiera pensar en lo extraño que era esto, ya que que las golondrinas nunca dejan de volar hacia un lado y otro desde el mismo momento que despiertan hasta el momento en que se van a dormir (porque su comida consiste en pequeñas moscas que cogen al vuelo), y sin embargo el Búho se pasaba las horas de pie y quieto. El niño se preguntaba cómo sería volar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Oye, golondrina”, gritó la próxima vez que una las más jóvenes pasó cerca de él, “¿qué se siente al volar?”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Qué es lo que dices?” preguntó la Golondrina volando alrededor de la cabeza del niño al hablar, porque no podía dejar de volar ni por un momento.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Que qué se siente al volar?”, preguntó de nuevo el niño.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Volar”, dijo la golondrina. “¿Qué significa eso? no conozco la palabra”. Y empezó a gritar muy fuerte: “¡Vooo-laaar! ¡Vooo-laaar! ¡Vooo-laaar! ¡Qué palabra tan divertida!”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Cómo!” dijo el niño, “es imposible. Estás volando todo el tiempo”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Yo?” contestó la Golondrina, “¡Tonterías, no hago nada de eso. Soy una Golondrina!”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>El niño vio que nunca haría entender a la Golondrina, asi que se volvió al Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Sabe usted qué se siente al volar, Búho?” preguntó.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Por supuesto”, dijo gravemente el Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Cómo puede ser que tú si lo sabes, y la Golondrina no?”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Porque yo puedo estarme quieto tan fácilmente como volando”, dijo el Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Cuéntame qué se siente”, dijo el niño.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“No conozco ninguna razón en particular por la que debería”, contestó el Búho. “Y no serviría para nada si lo hiciera. Porque la única manera de saberlo es volando tú mismo. De todas formas, cuando tú puedas responderme a la pregunta que te voy a hacer, quizá lo haga. Pero para ese entonces ya lo sabrás”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Cuál es la pregunta, Búho?” preguntó el niño.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Ésta”, dijo el Búho. “¿Qué se siente al ser un niño?” El niño se echó a reir.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Es muy fácil!” gritó. “Es como&#8230;es como&#8230;” e intentó con todas sus fuerzas pensar en algunas palabras. “Bueno, ¡se siente el ser como yo!” dijo al final.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Yo no diría que eso sea una respuesta! dijo el Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Es exactamente lo que dijo la Golondrina”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Ahora si que a estas alturas el niño anhelaba con todo su corazón y alma saber lo que se sentía al volar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Yo no sé qué se siente al ser un niño”, dijo humildemente el Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Podría decirme cómo puedo hacer para poder contestar su pregunta?”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Ciertamente”, dijo el Búho. “Vé y pregúntale al Hada Blanca”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Pero ¿dónde puedo encontrar al Hada Blanca?, preguntó el niño.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Sígueme!” dijo el Búho. Y levantó el vuelo con el aleteo lento y pesado de sus alas, y el niño le seguía.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Y cómo conoceré al Hada Blanca, cuando la vea?”, preguntó el niño, mientras le seguía.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“La conocerás fácilmente”, dijo el Búho, “porque su rostro será el más bello rostro y su voz la más hermosa voz que sea posible imaginar”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">Pero cuando al final alcanzaron un gran claro del bosque, donde el niño nunca había estado antes, el Búho se adelantó volando. Voló más y más rápido, hasta que dejó al niño muy, muy lejos. Lo último que vió el niño del Búho fue que aleteó tres veces de una forma muy peculiar sobre una pequeña choza en mitad del claro, la única que el niño había visto en el bosque, y de repente desapareció de su vista. ¡Eso debía ser una señal de que el Hada Blanca vivía allí! pensó el niño, asi que caminó hacia la choza y llamó a la puerta.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Qué es lo que quieres?” chilló una voz desde dentro. No sonaba muy hermosa que digamos. El niño pensó que podría fácilmente imaginar una más hermosa. Asi que preguntó si era el Hada Blanca la que realmente estaba hablando, y la voz inmediatamente contestó “¡Sí!”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Bueno”, gritó el niño, “¡Quiero saber qué puedo hacer para saber qué se siente al ser un niño!”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Lo sabrás!” contestó la voz desde dentro. “¡Lo sabrás! y con esto la puerta se abrió y una vieja y desagradable criatura, con una nariz carnosa en forma de garfio y la piel como el cuero de la cartera de un abogado salió cojeando de la choza. Estaba vestida de negro desde la cabeza a los pies, y llevaba bajo el brazo un enorme par de tijeras.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Ja! ¡Ja!” gritó sonriendo con ferocidad y frotándose las manos con placer. “¡Pronto te lo mostraré! ¡Ven conmigo, querido!”. Pero ahora el pobre niño pensó temerosamente: Oh, ¡ésta no puede ser el Hada Blanca! e intentó decirle a la vieja que había cambiado de idea y que realmente ya no quería ninguna respuesta a su pregunta.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Tonterías!” contestó la Vieja. “Una pregunta que se pregunta es una pregunta preguntada, y el sol, la luna y las estrellas no pueden dejarla sin respuesta.¡Vienen detrás de tí!” Y le cogió de la muñeca con sus dedos huesudos tan fuertemente como hierro y empezó a apresurarle para que la siguiera, porque aunque ella cojeaba, se movía sorprendentemente rápido sobre el suelo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Después de no mucho estaban de vuelta al lugar donde vivía el Gigante. El Gigante estaba lejos cazando comida para el niño.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">El Hada Blanca dejó libre la mano del niño y con un ágil movimiento golpeó la cuerda del arpa y la cortó y cortó en varios sitios con sus afiladas tijeras.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Esto te enseñará lo que quieres saber, querido!” dijo con una mueca e inmediatamente desapareció cojeando tan rápidamente como podía. En ese mismo instante se oyó un tremendo rugido de dolor, y después otro y otro, el Gigante llegó tambaleándose y cayó muerto como una piedra bajo uno de los árboles.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>El hilo de su vida había sido cortado al cortar la cuerda de su corazón; y ésta era la segunda cosa que el Búho pensó mejor no decirle al Gigante, cuándo éste empezó a hacer preguntas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Desesperanzada fué la desolación e infelicidad del niño desde este momento. No sólamente estaba solo en el bosque sin que nadie cuidara de él, sino que su favorito, si no su único, juquete, la gran Arpa Eólica, se había silenciado para siempre, y con ella se silenciaron para él las voces de las aves y las bestias y los insectos. Ya no podía entenderles. Aún más, con los cortes de la cuerda del corazón, incluso el viento se desplomó como muerto, y no duraba casi nada el murmullo de las hojas de los árboles. Y en cuanto a la laguna, al niño no le quedaban fuerzas ni siquiera para mirar en ella. Pues todo lo que conocía parecía secarse a la vez, y un día seguía a otro día, una semana a otra semana y un mes a otro mes, sin lluvia que cayera en el bosque. Mientras tanto él mismo se marchó a otra parte del bosque. Estaba seguro de que moriría de hambre, ya que nunca había tenido que hacer nada por sí mismo, pues el gigante siempre le había traído cada pedazo de comida que recordaba haber comido.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">Pero la necesidad es una severa maestra, y el niño se sorprendió al descubrir lo fuerte que era, ahora que tenía que serlo. Asi fue que se inventó cómo hacer un arco y unas flechas y con ellas cazó bestias salvajes que le mantuvieron miserablemente con vida. Pero cada noche, cuando había terminado su labor y se ponía a resguardo, se retorcía las manos de desesperación y deseaba morir, gritando muy fuerte, cuando se echaba a dormir. “¡Qué destino sin esperanza es el mío! Vivir solo en este enorme bosque es peor que la muerte, y sin embargo tal vida es la que tengo por delante, hasta que me llegue el día de morir, y entonces caeré solitario como una bestia salvaje y los cuervos me sacarán los ojos -quizá antes de que muera-, y mis huesos blancos brillarán al deslumbrante sol!”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Una noche, al pensar en los huesos, se acordó de su querido amigo, el Gigante, cuyo cuerpo permanecía sin enterrar. Asi que a la próxima mañana se apresuró a volver al antiguo sitio, y estaba seguro de que los grandes huesos del Gigante estarían bien limpios por culpa de los cuervos, y brillarían blancos al sol. Pero le sorprendió ver al viejo Búho, quien le había dado tan mal consejo, que estaba sentado pensativamente sobre el cráneo del Gigante. Lleno de ira el niño agarró su arcó y cogió fuerzas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡No dispares!” dijo con calma el Búho, y el niño casi dejó caer el arco de la sorpresa. Pues desde que el arpa se rompió no había sido capaz de entender lo que decían las aves.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Cómo es que todavía puedo entenderte?” le preguntó al Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Porque” dijo el Búho, “Yo soy la única criatura que queda que tú puedes entender. Pero no perdamos el tiempo haciendo preguntas. Harás lo que te diga”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Pero el niño recordó todo lo que había ocurrido por hacer lo que el búho le había dicho y no estaba muy dispuesto a obedecerle. Entonces pensó para sí mismo: “Si el Búho es la única criatura en el bosque que puedo comprender, debería hacer lo que me dice. Cualquier cosa que pudiera ocurrir, difícilmente sería peor que mi situación actual. Además tengo un arco y flechas y si me engaña de nuevo, dispararé!”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Asi fue que estuvo de acuerdo en hacer lo que el Búho le dijera, y lo primero fue buscar entre los huesos y recoger los trozos cortados de la cuerda del Arpa. Los cuervos, que se habían comido el resto del corazón del Gigante, los habían encontrado demasiado duros y correosos, asi que los dejaron allí. Encontró siete de ellos y cuando los había recogido todos, el Búho le dijo que buscara el hueso del esternón. Así fue que lo encontró y entonces, con la ayuda y el consejo del sabio Búho, hizo agujeros en él y tensó las siete cuerdas rotas, que eran todas de diferente longitud, de lado a lado del esternón, tensándolas muy bien.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Y ahora?” dijo, una vez que acabó de hacer todo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡El resto de lo dejo a tí!”, dijo el Búho, y se fué volando. El niño se sentó y no pudo evitar pensar tristemente en los muchos días felices que pasó con la gran criatura, cuyo hueso del pecho y las cuerdas de su corazón que tenía en las manos, era todo lo que de él tenía. En esto, sus dedos comenzaron a pulsar perezosamente las cuerdas, e inmediatamente, para su gran sorpresa, se levantó una explosión de armonía tan dulce, tan pura, tan alegre y aún, al mismo tiempo, tan innenarrablemente triste que le emocionó hasta la médula de los huesos. Pulsó las cuerdas una y otra vez y se fue incrementando un maravilloso estallido de armonía -mucho más maravilloso que cualquier sonido que el Arpa Eólica hubiera dado. Pues en aquella sonaba sólo una nota, mientras que en esta sonaban muchas diferentes, mezclándose todas en una noble unión-.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>El niño se sentó, punteando las cuerdas como si estuviera encantado. Los torpes y crueles miembros del Gigante estaban muertos para siempre, pero su corazón amigable e infantil parecían vivir en estas olas de líquida música.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Ya ahora el sol se había escondido en el cielo, y allí seguía el niño tañendo melodía tras melodía de las cuerdas y uniéndolas en otra con tal habilidad que parecía venir menos de sus propios dedos que de las cuerdas que estaba tocando.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Y aunque al principio él no se dió cuenta, cada vez que empezaba a todar, todas las bestias y las aves cesaban en sus movimientos, los insectos callaban en la hierba, e incluso la hierba dejaba de crecer para ponerse a escuchar. Incluso las incansables golondrinas venían y se paraban a su lado como si fueran figuras de barro, y así esperaban sin mover ni una pluma hasta que sus dedos volvían a descansar y la musica cesaba. Pero tan pronto como dejó de tocar, todas las bestias volvieron a sus movimientos y ocupaciones naturales y ahora parecía que cada criatura sabía lo que estaba haciendo y se lo decía a las demás.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Me estoy arrastrando!” dijo la serpiente, “¡y me gusta!”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Estoy zumbando!” dijo la mosca, “¡Zuuuuuuuumbando-si! ¿Zuuuuuuuubando estoy!”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Estoy comiendo”, murmuró contenta una gacela.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Así soy yo!” rugió el león.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡y a mí me están comiendo!” clamó un cabritillo, que estaba entre las fauces del león. Y, ya sea por la influencia de la música o simplemente por la imaginación del niño, o por alguna otra causa, al cabritillo no parecía importarle para nada elser comido al fin y al cabo!.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Estoy volando!” chilló una jóven golondrina. “¡Fiiiuuuuuuuu-Buuuuuuop! ¡Mira! ¡Vooooooolando! ¿No es maravilloso?”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>El niño se levantó y fue a mirarse en la laguna, cuya superficie estaba quieta sin viento, y reflejó su propia figura por primera vez en su vida. Y vio a un hombre alto coronado con una guirnalda de flores y sujetando en sus manos una lira.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Cómo, soy un hombre!” exclamó sorprendido.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Eres un poeta” gritaron las golondrinas haciendo círculos alrededor de su cabeza. Fueron ellas las que le habían coronado con flores.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Lo uno y lo otro es lo mismo!” dijo una voz tras él. Era la del Búho, y el niño, o mejor dicho el hombre, se maravilló de cómo es que no se había dado cuenta antes de que esa era la voz más hermosa que se podía imaginar. Se volvió para hablar con el Búho y vió con sorpresa no al pájaro allí quieto, sino a un ser muy alto y con el rostro más bello del mundo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Quién eres tú?” preguntó, “si no eres el Búho”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Yo soy el Hada Blanca”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Y por qué hiciste todo esto?” preguntó el hombre, totalmente desconcertado.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Para enseñarte qué se siente al volar”, dijo el Hada Blanca y, mientras hablaba, extendió sus hermosas alas y agarró al hombre con ellas, de tal manera que los dos volaron juntos muy alto por encima del bosque, y por allí siguen sobrevolando hasta lo que yo sé.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><em>© OWEN BARFIELD</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><em>© Published with permision (for the Spanish translation) by the Owen Barfield Literary Estate. <a href="http://www.owenbarfield.org/">www.owenbarfield.org</a></em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><em><a href="http://www.owenbarfield.org/"></a>© Traducción al español por Manuel Ordax</em></span></p>
<p><!--EndFragment--></p>
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		<title>El factor tiempo</title>
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		<pubDate>Thu, 28 May 2009 20:22:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[faith issues / cuestión de fe]]></category>

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		<description><![CDATA[A veces aceleramos tanto, que Dios, como buen profesor de auto-escuela, tiene que pisar el freno por nosotros. Y basta uno de sus frenazos para hacernos parar la mente, revisando nuestras ambigüas intenciones, todos nuestros planes y objetivos. Y es que Él es experto en doblar, de vez en cuando, nuestro planning por la mitad, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><img class="alignnone size-full wp-image-162" title="factortiempoweb" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2009/05/factortiempoweb.jpg" alt="factortiempoweb" width="440" height="291" /></p>
<p class="MsoNormal"><span>A veces aceleramos tanto, que Dios, como buen profesor de auto-escuela, tiene que pisar el freno por nosotros.<span id="more-161"></span><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Y basta uno de sus frenazos para hacernos parar la mente, revisando nuestras ambigüas intenciones, todos nuestros planes y objetivos. Y es que Él es experto en doblar, de vez en cuando, nuestro <em>planning</em> por la mitad, arrancar algunas hojas de nuestra agenda y recordarnos así que sólo estamos de paso.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Pensamos que, ya que oramos de vez en cuando, todo está bajo su control; pero sólo un revés de su mano firme hace que se nos caiga la baraja de las manos y tengamos que volver a empezar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Todas nuestras metas, incluso las más espirituales, dependen de un factor impredecible, que le pertenece sólo al Señor, el &#8216;factor tiempo&#8217;. Eso que nunca tenemos, porque cuando creemos alcanzar su control, se nos vuelve a escapar de las manos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>No es que Dios sea como el <em>croupier </em>que barre con su listín todas las fichas en la ruleta con un “se acabó el juego, señores”. No, Dios es como un cortocircuito que hace que salten los plomos y todo el Casino se ha quedado a oscuras.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Y al fin y al cabo, ¿de qué nos sirve tanto esfuerzo? La experiencia nos ha demostrado a algunos que cuanto más intentas luchar por conseguir algo, menos lo alcanzas; y cuando descansas y no luchas con tanto empeño, entonces tu sueño se hace realidad.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>¿Por qué tanto afán para conseguir un coche más grande, un televisor más moderno o una casa en el campo? Tan empachados tenemos los ojos de anuncios y consumo, que apenas si vemos la necesidad real de nuestro hermano. Y recorremos los pasillos de los grandes almacenes como zombies ansiosos de la mejor relación calidad-precio.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Pero, ¿qué tiene que ver la calidad-precio con el tiempo? Las cosas de calidad duran más tiempo, las baratas menos, pero el tiempo las absorbe a la vez en un segundo, cuando se te para el corazón sin previo aviso, o un coche te barre en un paso de cebra, o un frenazo brusco te deja en una silla de ruedas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Y si nos fuéramos ahora mismo, y sabiendo que la hoguera de nuestro justo Dios quermará tantas cosas estúpidas a las que nos aferramos. Si nos fuéramos, repito, ahora mismo… ¿cuántas cosas brillarán en las ascuas como fruto bueno, valioso, acciones vivas de alabanza a aquel que lo dio todo por nosotros?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Quítate un momento a ese diosecillo que todos llevamos en la muñeca, y que nos hace creer que controlamos nuestros días, y medita un poco mientras lo pones encima de la Biblia, abierta si es posible por el salmo 31:14-15:</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>“Desesperado, me dejo caer en ti:</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>¡Tú eres mi Dios! </span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Hora a hora dejo mis días en tus manos,</span></p>
<p class="MsoNormal"><span>Seguro de las manos de mis enemigos.” (The Message) </span></p>
<p><span>“En tus manos están mis tiempos (la universal y particular disposición de toda mi vida)” Biblia del Oso, Casiodoro de Reina, 1569<span>  </span></span></p>
<p><span><span><a title="TIME FACTOR / ORDAKS" href="http://blog.ordaks.com/2009/05/the-time-factor/" target="_blank">english version</a></span></span></p>
<p><!--EndFragment--></p>
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