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	<title>Ordaks &#187; literature / literatura</title>
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		<title>Los hombres pequeños</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 09:11:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[literature / literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[Todos los hombres pequeños tienen pequeñas estanterías repletas de sus pequeños libros dentro de sus casas pequeñas. Sus pequeños ojos siguen las letras diminutas con dedicación. En sus mentes pequeñas se abren nuevos horizontes y pueden crecer, pero nosotros sabemos que es sólo una sensación. Porque siguen siendo pequeños cuando cierran el libro. Necesitarían recorrer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-234" title="HombresPequenos_W" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2009/10/HombresPequenos_W.jpg" alt="HombresPequenos_W" width="440" height="291" /></p>
<p>Todos los hombres pequeños tienen pequeñas estanterías repletas de sus pequeños libros dentro de sus casas pequeñas.<span id="more-233"></span></p>
<p>Sus pequeños ojos siguen las letras diminutas con dedicación. En sus mentes pequeñas se abren nuevos horizontes y pueden crecer, pero nosotros sabemos que es sólo una sensación. Porque siguen siendo pequeños cuando cierran el libro. Necesitarían recorrer todo el laberinto de una biblioteca para ser la mitad que nosotros.</p>
<p>Sin embargo, algunos han llegado a crecer bastante sin haber leído muchísimos  libros. Es un misterio indescifrable que, siendo tan pequeños, puedan crecer tanto.</p>
<p>Mientras, nuestra labor sigue siendo la de alejarles todo lo posible de esos pequeños libros que les hacen creerse más altos.</p>
<p><em>(Para Montse y Javi de Berlín)</em></p>
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		<title>NO LINE ON THE HORIZON*</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Sep 2009 18:42:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[literature / literatura]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
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		<description><![CDATA[Citaba Borges a Nicolás de Cusa, para quien “toda linea recta es el arco de un círculo infinito”. Si nos acercamos a observar la naturaleza que nos rodea, nos resultará evidente que la línea recta no existe. Gaudí huyó de ella durante toda su vida, dejándonos hermosas muestras de arquitectura curvilínea e irregular. Van Gogh [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><img class="alignnone size-full wp-image-215" title="NoLineHorizon_W2" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2009/09/NoLineHorizon_W2.jpg" alt="NoLineHorizon_W2" width="440" height="291" /></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"> </span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;">Citaba Borges a Nicolás de Cusa, para quien “toda linea recta es el arco de un círculo infinito”.</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><br />
</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;">Si nos acercamos a observar la naturaleza que nos rodea, nos resultará evidente que la línea recta no existe. Gaudí huyó de ella durante toda su vida, dejándonos hermosas muestras de arquitectura curvilínea e irregular. Van Gogh jamás pintó una línea recta. Picasso tampoco. Lo más recto que vieron sus inspirados pinceles fue el bastidor de sus lienzos.<span id="more-200"></span></span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"> </span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;">La línea recta en el mundo del arte está relacionada con las construcciones humanas. La necesidad que tenemos de enderezar nuestro ángulo visual de alguna manera. Igual que ponemos recto sin darnos cuenta un cuadro torcido o los papeles que se salen de un montón, necesitamos poner recto nuestro efímero entorno para sentirnos protegidos. Los griegos llegaron incluso a usar la curva para aparentar una recta, como en la enormes columnas del Partenón.</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><br />
</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;">El extremo de poner de moda las líneas rectas surgió en Alemania, cuando a partir de la Bauhaus nos encontramos con las primeras tipografías “de palo” (Helvética, Akzident Grotesk, Frutiger&#8230;), los primeros edificios donde dominaba la recta implacable (Mies Van der Rohe&#8230;) o el arte de líneas y recuadros de Mondrian. Pero a la larga tanta recta nos termina por saturar los ojos. Últimamente la moda suele desviarse de esta tendencia (Frank Gehry en arquitectura o Philip Stark en diseño por poner algunos ejemplos).</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><br />
</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">Los avances tecnológicos han permitido desarrollar unos zapatos <a title="advertising of mbt anti shoe" href="http://us.mbt.com/" target="_blank">(MBT)</a> que están basados en la forma de caminar de los masai, la tribu con la espalda más sana (que no recta) y menos problemas óseos del mundo. Imitan el caminar sobre una superficie inestable e irregular, lo opuesto a la rectitud del perfil de la mayoría de los zapatos y de la superficie que pisamos en nuestras ciudades.</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">Parece que cada vez que el hombre llega a un lugar, necesita poner algo recto para hacerlo suyo. Neil Armstrong tenía que poner una bandera de USA completamente estirada y recta en la luna. Por fortuna, una vara falló y la parte inferior de la bandera se quedó como si estuviera ondulando por un viento inexistente. Es uno de los miles de casos en los que el hombre no ha conseguido imponer sus obsesivas rectas. Llegamos a un monte y lo rebajamos, alisamos y enderezamos para poder construir en él&#8230; pero la naturaleza emerge con el tiempo y rompe, tuerce y domina sobre las construcciones. Entre las baldosas de la acera revientan las florecillas o el cesped o las raíces de un árbol cercano&#8230;</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">La necesidad que tenemos de enderezar lo curvo es una muestra más de nuestra incertidumbre. No hay nada recto, nada a lo que podamos aferrarnos que nos dé la seguridad que anhelamos. Ninguna piedra es recta ni nuestras expectativas pueden verse cumplidas ni nuestras necesidades cubiertas realmente. Estamos en un mundo que cojea, sobre una mesa de cuatro patas inestable e incómoda.</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">Tolkien imaginó una comunidad feliz de hobbits que vivían en casas bajas, adaptadas a las faldas de los montes, con ventanas y puertas redondas. Me identifico más con un mundo así, más basado en la curva que en la recta. Algo que nos recuerde nuestra fragilidad e impotencia. Necesitamos ser curvilíneos y dejar de intentar enderezar todo.</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">Nuestra intensa búsqueda de verdad y sinceridad nos lleva a una sola conclusión: nada es lo que parece y nada podemos controlar realmente de lo que sucede. ¿No sería mejor aceptar, humildemente, esta incapacidad y disfrutar cada día de las hermosas curvas que la creación nos revela?</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;">Cuando mires el horizonte la próxima vez, imagina que no es más que una curva inmensa, el frágil pellejo de un planeta redondo y hermoso donde no hacemos mas que demostrar que somos alumnos empeñados en suspender las asignaturas más sencillas para aprender a convivir.</p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica; min-height: 14.0px;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"> </span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;">No hay línea recta en el horizonte.</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><br />
</span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;">
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><em>*Título del último disco de U2 publicado en 2009. Puedes ver la letra del tema &#8220;No line on the horizon&#8221; </em><a title="No line on the horizon lyrics english spanish" href="http://u2fanlife.com/u2-albums/u2-no-line-on-the-horizon/no-line-on-the-horizon-lyrics-letra" target="_blank"><em>aquí.</em></a></span></p>
<p style="margin: 0.0px 0.0px 0.0px 0.0px; font: 12.0px Helvetica;"><span style="letter-spacing: 0.0px;"><em><br />
</em></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El niño y el gigante</title>
		<link>http://blog.ordaks.com/2009/06/el-nino-y-el-gigante-owen-barfield/</link>
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		<pubDate>Sun, 28 Jun 2009 21:10:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[literature / literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Había una vez un niño que, no teniendo padre ni madre, vivía solo con un Gigante en medio de un profundo bosque. Las cosas habían sido así durante tanto tiempo que ya no podía recordar, y ya que siempre fue tan feliz, nunca se le ocurrió preguntarse por qué habían llegado a ser así. ¿Cómo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><a href="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2009/06/ManSymbol2.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-273" title="ManSymbol2" src="http://blog.ordaks.com/wp-content/uploads/2009/06/ManSymbol2.jpg" alt="" width="440" height="291" /></a></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">Había una vez un niño que, no teniendo padre ni madre, vivía solo con un Gigante en medio de un profundo bosque. Las cosas habían sido así durante tanto tiempo que ya no podía recordar, y ya que siempre fue tan feliz, nunca se le ocurrió preguntarse por qué habían llegado a ser así. ¿Cómo vivía el Gigante? Cada noche, cuando el niño dormía, solía deslizarse hasta la aldea más próxima donde agarraba algún hombre o mujer y se los comía. Así es como se mantenía vivo, y es perfectamente cierto, aunque nunca le dijo nada al niño sobre ello.<span id="more-185"></span><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Un día, sin embargo, ocurrió que por accidente pronunció la palabra “hombre” mientras hablaba con el niño. Siendo como era un niño que no recordaba haber visto ningún ser vivo excepto el Gigante mismo y las bestias del bosque, le preguntó: “¿Qué es un hombre?”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Un hombre”, contestó rápidamente el Gigante, sintiendo que había cometido un error, “es &#8211; bueno es una cosa sin importancia”. Y mientras hablaba observó agudamente al niño. No se podía negar, ¡el niño estaba creciendo!. Resulta que al Gigante nunca se le ocurrió antes que tal cosa pudiera suceder porque a pesar de su enorme tamaño, era tan tonto como una vieja oveja. Encontrando a las bestias y aves demasiado listas para él, había robado al niño de su padre y madre algunos años atrás para que fuera su compañero. Y ahora, pensó el Gigante, el niño crecerá y será igual de listo que los demás, y entonces ya no tendré a nadie para jugar. ¿Qué haré? Y sus grandes ojos se llenaron de lágrimas. Porque, a pesar de su crueldad, tenía el corazón de un gran niño y le gustaba jugar juegos de niños.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Al final recordó haber oído que el Búho era la más sabia de las aves y decidió ir a pedirle consejo, porque el Gigante podía entender el lenguaje de las aves y las bestias, aunque el niño no.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Fue al Búho, a quien encontró perfectamente quieto en la rama de un gran olmo.”¿Cómo puedo hacer que el niño deje de crecer y se haga listo?” preguntó.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>El Búho levantó un ala como medio metro hacia la derecha y puso la cabeza muy derecha a un lado.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Te lo enseñaré”, dijo, “Esta noche, cuando el niño duerma, abre tu pecho y coje una de las cuerdas de tu corazón. Con ella haz un Arpa Eólica, tensándola entre dos árboles. Asi el niño quedará encantado con la música incesante, que el viento hará en el arpa, y así no <em>querrá</em> crecer. Y por lo tanto no lo hará. Y después de eso&#8230;” Pero aquí el Búho se paró en seco, pensando que quizá después de todo no debería decirle al Gigante qué otra cosa ocurriría cuando hiciera el Arpa Eólica con las propias cuerdas de su corazón.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Si”, dijo el Gigante entusiasmado, “y después de eso”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Asegúrate de contarle que nunca y por ninguna circunstancia corte o rompa la cuerda. Porque si la cortara, el niño crecería repentinamente todos los años que hubiera perdido mientras tanto. Y después de eso&#8230;” Pero aquí el Búho se detuvo de nuevo, pensando que quizá después de todo no debería decirle al Gigante qué ocurriría si el Arpa Eólica se rompiera.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Si”, dijo el Gigante, “Después de eso&#8230;”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Después de eso&#8230;” dijo el Búho, “Es mi hora de dormir. Que tengas un buen día”. y levantando su ala medio metro a la izquierda, colocó su cabeza muy recta, colgó sus hombros rodeando las orejas, guiñó un ojo y se puso a dormir con los dos ojos completamente abiertos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Asi fue que esa noche el Gigante hizo como el Búho le había dicho, y cuando el niño despertó por la mañana quedó encantado con la música incesante que las brisas cambiantes hacían, temblando a través de la cuerda del corazón del Gigante, que estaba estirada muy tensa entre dos árboles, y podría estar sentado por días sin fin escuchando el melancólico y mágico sonido y observando las continuas ondas en la superficie de una pequeña laguna que se había formado debajo de los árboles durante la noche. Porque como el viento soplaba a veces más fuerte y otras más débilmente, atravesaba la cuerda del arpa y la hacía sonar, y hacía que las ondas a veces fueran más altas y otras más bajas y el sonido parecía ahora más fuerte y de nuevo más suave, así día y noche el viento nunca amainó, y día y noche hubo ondas ondeantes y las cuerdas sonaron.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Además (y esto fue lo primero que el Búho pensó de repente que quizá fuera mejor no decirle al Gigante), el efecto de esta maravillosa nueva música era tal que el niño ahora podía comprender el lenguaje de las aves y las bestias igual que el Gigante podía. Ésta era una nueva fuente de placer. Podía escuchar y escuchar todo lo que ellos se decían unos a otros, y era feliz durante todo el día. El Gigante también era feliz porque ahora sentía que se había asegurado para sí un compañero y para siempre.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Un día el niño esta sentado bajo el Arpa escuchando perezosamente su música, y a la vez a dos o tres jóvenes golondrinas bastante traviesas que daban vueltas cayendo y subiendo a través del aire del verano con pequeños y agudos gritos de placer. El niño se dio cuenta de que cada golondrina gritaba muy agudo algo cada vez que pasaba por cierto olmo que estaba en la cercanía. Sintió curiosidad, asi que se levantó y caminó hacia allí. Ciertamente allí había un viejo Búho sentado en una de sus ramas, muy quieto y solemne, como un viejo y feo profesor con anteojos redondos sobre su nariz. Y cada vez que alguna de estas jóvenes y maleducadas golondrinas se enfilaban hacia el Búho, gritaban algo parecido a esto:</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Búho, Búho</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Con tu enorme y fea papada</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>si que eres de los pájaros una pasada.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Esperaban irritarle. Pero el viejo y sabio pájaro simplemente permanecía sentado allí, sin dar importancia a nada, y el niño no podía siquiera pensar en lo extraño que era esto, ya que que las golondrinas nunca dejan de volar hacia un lado y otro desde el mismo momento que despiertan hasta el momento en que se van a dormir (porque su comida consiste en pequeñas moscas que cogen al vuelo), y sin embargo el Búho se pasaba las horas de pie y quieto. El niño se preguntaba cómo sería volar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Oye, golondrina”, gritó la próxima vez que una las más jóvenes pasó cerca de él, “¿qué se siente al volar?”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Qué es lo que dices?” preguntó la Golondrina volando alrededor de la cabeza del niño al hablar, porque no podía dejar de volar ni por un momento.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Que qué se siente al volar?”, preguntó de nuevo el niño.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Volar”, dijo la golondrina. “¿Qué significa eso? no conozco la palabra”. Y empezó a gritar muy fuerte: “¡Vooo-laaar! ¡Vooo-laaar! ¡Vooo-laaar! ¡Qué palabra tan divertida!”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Cómo!” dijo el niño, “es imposible. Estás volando todo el tiempo”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Yo?” contestó la Golondrina, “¡Tonterías, no hago nada de eso. Soy una Golondrina!”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>El niño vio que nunca haría entender a la Golondrina, asi que se volvió al Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Sabe usted qué se siente al volar, Búho?” preguntó.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Por supuesto”, dijo gravemente el Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Cómo puede ser que tú si lo sabes, y la Golondrina no?”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Porque yo puedo estarme quieto tan fácilmente como volando”, dijo el Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Cuéntame qué se siente”, dijo el niño.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“No conozco ninguna razón en particular por la que debería”, contestó el Búho. “Y no serviría para nada si lo hiciera. Porque la única manera de saberlo es volando tú mismo. De todas formas, cuando tú puedas responderme a la pregunta que te voy a hacer, quizá lo haga. Pero para ese entonces ya lo sabrás”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Cuál es la pregunta, Búho?” preguntó el niño.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Ésta”, dijo el Búho. “¿Qué se siente al ser un niño?” El niño se echó a reir.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Es muy fácil!” gritó. “Es como&#8230;es como&#8230;” e intentó con todas sus fuerzas pensar en algunas palabras. “Bueno, ¡se siente el ser como yo!” dijo al final.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Yo no diría que eso sea una respuesta! dijo el Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Es exactamente lo que dijo la Golondrina”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Ahora si que a estas alturas el niño anhelaba con todo su corazón y alma saber lo que se sentía al volar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Yo no sé qué se siente al ser un niño”, dijo humildemente el Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Podría decirme cómo puedo hacer para poder contestar su pregunta?”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Ciertamente”, dijo el Búho. “Vé y pregúntale al Hada Blanca”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Pero ¿dónde puedo encontrar al Hada Blanca?, preguntó el niño.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Sígueme!” dijo el Búho. Y levantó el vuelo con el aleteo lento y pesado de sus alas, y el niño le seguía.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Y cómo conoceré al Hada Blanca, cuando la vea?”, preguntó el niño, mientras le seguía.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“La conocerás fácilmente”, dijo el Búho, “porque su rostro será el más bello rostro y su voz la más hermosa voz que sea posible imaginar”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">Pero cuando al final alcanzaron un gran claro del bosque, donde el niño nunca había estado antes, el Búho se adelantó volando. Voló más y más rápido, hasta que dejó al niño muy, muy lejos. Lo último que vió el niño del Búho fue que aleteó tres veces de una forma muy peculiar sobre una pequeña choza en mitad del claro, la única que el niño había visto en el bosque, y de repente desapareció de su vista. ¡Eso debía ser una señal de que el Hada Blanca vivía allí! pensó el niño, asi que caminó hacia la choza y llamó a la puerta.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Qué es lo que quieres?” chilló una voz desde dentro. No sonaba muy hermosa que digamos. El niño pensó que podría fácilmente imaginar una más hermosa. Asi que preguntó si era el Hada Blanca la que realmente estaba hablando, y la voz inmediatamente contestó “¡Sí!”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Bueno”, gritó el niño, “¡Quiero saber qué puedo hacer para saber qué se siente al ser un niño!”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Lo sabrás!” contestó la voz desde dentro. “¡Lo sabrás! y con esto la puerta se abrió y una vieja y desagradable criatura, con una nariz carnosa en forma de garfio y la piel como el cuero de la cartera de un abogado salió cojeando de la choza. Estaba vestida de negro desde la cabeza a los pies, y llevaba bajo el brazo un enorme par de tijeras.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Ja! ¡Ja!” gritó sonriendo con ferocidad y frotándose las manos con placer. “¡Pronto te lo mostraré! ¡Ven conmigo, querido!”. Pero ahora el pobre niño pensó temerosamente: Oh, ¡ésta no puede ser el Hada Blanca! e intentó decirle a la vieja que había cambiado de idea y que realmente ya no quería ninguna respuesta a su pregunta.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Tonterías!” contestó la Vieja. “Una pregunta que se pregunta es una pregunta preguntada, y el sol, la luna y las estrellas no pueden dejarla sin respuesta.¡Vienen detrás de tí!” Y le cogió de la muñeca con sus dedos huesudos tan fuertemente como hierro y empezó a apresurarle para que la siguiera, porque aunque ella cojeaba, se movía sorprendentemente rápido sobre el suelo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Después de no mucho estaban de vuelta al lugar donde vivía el Gigante. El Gigante estaba lejos cazando comida para el niño.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">El Hada Blanca dejó libre la mano del niño y con un ágil movimiento golpeó la cuerda del arpa y la cortó y cortó en varios sitios con sus afiladas tijeras.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Esto te enseñará lo que quieres saber, querido!” dijo con una mueca e inmediatamente desapareció cojeando tan rápidamente como podía. En ese mismo instante se oyó un tremendo rugido de dolor, y después otro y otro, el Gigante llegó tambaleándose y cayó muerto como una piedra bajo uno de los árboles.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>El hilo de su vida había sido cortado al cortar la cuerda de su corazón; y ésta era la segunda cosa que el Búho pensó mejor no decirle al Gigante, cuándo éste empezó a hacer preguntas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Desesperanzada fué la desolación e infelicidad del niño desde este momento. No sólamente estaba solo en el bosque sin que nadie cuidara de él, sino que su favorito, si no su único, juquete, la gran Arpa Eólica, se había silenciado para siempre, y con ella se silenciaron para él las voces de las aves y las bestias y los insectos. Ya no podía entenderles. Aún más, con los cortes de la cuerda del corazón, incluso el viento se desplomó como muerto, y no duraba casi nada el murmullo de las hojas de los árboles. Y en cuanto a la laguna, al niño no le quedaban fuerzas ni siquiera para mirar en ella. Pues todo lo que conocía parecía secarse a la vez, y un día seguía a otro día, una semana a otra semana y un mes a otro mes, sin lluvia que cayera en el bosque. Mientras tanto él mismo se marchó a otra parte del bosque. Estaba seguro de que moriría de hambre, ya que nunca había tenido que hacer nada por sí mismo, pues el gigante siempre le había traído cada pedazo de comida que recordaba haber comido.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">Pero la necesidad es una severa maestra, y el niño se sorprendió al descubrir lo fuerte que era, ahora que tenía que serlo. Asi fue que se inventó cómo hacer un arco y unas flechas y con ellas cazó bestias salvajes que le mantuvieron miserablemente con vida. Pero cada noche, cuando había terminado su labor y se ponía a resguardo, se retorcía las manos de desesperación y deseaba morir, gritando muy fuerte, cuando se echaba a dormir. “¡Qué destino sin esperanza es el mío! Vivir solo en este enorme bosque es peor que la muerte, y sin embargo tal vida es la que tengo por delante, hasta que me llegue el día de morir, y entonces caeré solitario como una bestia salvaje y los cuervos me sacarán los ojos -quizá antes de que muera-, y mis huesos blancos brillarán al deslumbrante sol!”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Una noche, al pensar en los huesos, se acordó de su querido amigo, el Gigante, cuyo cuerpo permanecía sin enterrar. Asi que a la próxima mañana se apresuró a volver al antiguo sitio, y estaba seguro de que los grandes huesos del Gigante estarían bien limpios por culpa de los cuervos, y brillarían blancos al sol. Pero le sorprendió ver al viejo Búho, quien le había dado tan mal consejo, que estaba sentado pensativamente sobre el cráneo del Gigante. Lleno de ira el niño agarró su arcó y cogió fuerzas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡No dispares!” dijo con calma el Búho, y el niño casi dejó caer el arco de la sorpresa. Pues desde que el arpa se rompió no había sido capaz de entender lo que decían las aves.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Cómo es que todavía puedo entenderte?” le preguntó al Búho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Porque” dijo el Búho, “Yo soy la única criatura que queda que tú puedes entender. Pero no perdamos el tiempo haciendo preguntas. Harás lo que te diga”.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Pero el niño recordó todo lo que había ocurrido por hacer lo que el búho le había dicho y no estaba muy dispuesto a obedecerle. Entonces pensó para sí mismo: “Si el Búho es la única criatura en el bosque que puedo comprender, debería hacer lo que me dice. Cualquier cosa que pudiera ocurrir, difícilmente sería peor que mi situación actual. Además tengo un arco y flechas y si me engaña de nuevo, dispararé!”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Asi fue que estuvo de acuerdo en hacer lo que el Búho le dijera, y lo primero fue buscar entre los huesos y recoger los trozos cortados de la cuerda del Arpa. Los cuervos, que se habían comido el resto del corazón del Gigante, los habían encontrado demasiado duros y correosos, asi que los dejaron allí. Encontró siete de ellos y cuando los había recogido todos, el Búho le dijo que buscara el hueso del esternón. Así fue que lo encontró y entonces, con la ayuda y el consejo del sabio Búho, hizo agujeros en él y tensó las siete cuerdas rotas, que eran todas de diferente longitud, de lado a lado del esternón, tensándolas muy bien.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Y ahora?” dijo, una vez que acabó de hacer todo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡El resto de lo dejo a tí!”, dijo el Búho, y se fué volando. El niño se sentó y no pudo evitar pensar tristemente en los muchos días felices que pasó con la gran criatura, cuyo hueso del pecho y las cuerdas de su corazón que tenía en las manos, era todo lo que de él tenía. En esto, sus dedos comenzaron a pulsar perezosamente las cuerdas, e inmediatamente, para su gran sorpresa, se levantó una explosión de armonía tan dulce, tan pura, tan alegre y aún, al mismo tiempo, tan innenarrablemente triste que le emocionó hasta la médula de los huesos. Pulsó las cuerdas una y otra vez y se fue incrementando un maravilloso estallido de armonía -mucho más maravilloso que cualquier sonido que el Arpa Eólica hubiera dado. Pues en aquella sonaba sólo una nota, mientras que en esta sonaban muchas diferentes, mezclándose todas en una noble unión-.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>El niño se sentó, punteando las cuerdas como si estuviera encantado. Los torpes y crueles miembros del Gigante estaban muertos para siempre, pero su corazón amigable e infantil parecían vivir en estas olas de líquida música.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Ya ahora el sol se había escondido en el cielo, y allí seguía el niño tañendo melodía tras melodía de las cuerdas y uniéndolas en otra con tal habilidad que parecía venir menos de sus propios dedos que de las cuerdas que estaba tocando.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>Y aunque al principio él no se dió cuenta, cada vez que empezaba a todar, todas las bestias y las aves cesaban en sus movimientos, los insectos callaban en la hierba, e incluso la hierba dejaba de crecer para ponerse a escuchar. Incluso las incansables golondrinas venían y se paraban a su lado como si fueran figuras de barro, y así esperaban sin mover ni una pluma hasta que sus dedos volvían a descansar y la musica cesaba. Pero tan pronto como dejó de tocar, todas las bestias volvieron a sus movimientos y ocupaciones naturales y ahora parecía que cada criatura sabía lo que estaba haciendo y se lo decía a las demás.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Me estoy arrastrando!” dijo la serpiente, “¡y me gusta!”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Estoy zumbando!” dijo la mosca, “¡Zuuuuuuuumbando-si! ¿Zuuuuuuuubando estoy!”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Estoy comiendo”, murmuró contenta una gacela.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Así soy yo!” rugió el león.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡y a mí me están comiendo!” clamó un cabritillo, que estaba entre las fauces del león. Y, ya sea por la influencia de la música o simplemente por la imaginación del niño, o por alguna otra causa, al cabritillo no parecía importarle para nada elser comido al fin y al cabo!.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Estoy volando!” chilló una jóven golondrina. “¡Fiiiuuuuuuuu-Buuuuuuop! ¡Mira! ¡Vooooooolando! ¿No es maravilloso?”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>El niño se levantó y fue a mirarse en la laguna, cuya superficie estaba quieta sin viento, y reflejó su propia figura por primera vez en su vida. Y vio a un hombre alto coronado con una guirnalda de flores y sujetando en sus manos una lira.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Cómo, soy un hombre!” exclamó sorprendido.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Eres un poeta” gritaron las golondrinas haciendo círculos alrededor de su cabeza. Fueron ellas las que le habían coronado con flores.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¡Lo uno y lo otro es lo mismo!” dijo una voz tras él. Era la del Búho, y el niño, o mejor dicho el hombre, se maravilló de cómo es que no se había dado cuenta antes de que esa era la voz más hermosa que se podía imaginar. Se volvió para hablar con el Búho y vió con sorpresa no al pájaro allí quieto, sino a un ser muy alto y con el rostro más bello del mundo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Quién eres tú?” preguntó, “si no eres el Búho”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Yo soy el Hada Blanca”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“¿Y por qué hiciste todo esto?” preguntó el hombre, totalmente desconcertado.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><span> </span>“Para enseñarte qué se siente al volar”, dijo el Hada Blanca y, mientras hablaba, extendió sus hermosas alas y agarró al hombre con ellas, de tal manera que los dos volaron juntos muy alto por encima del bosque, y por allí siguen sobrevolando hasta lo que yo sé.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><em>© OWEN BARFIELD</em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><em>© Published with permision (for the Spanish translation) by the Owen Barfield Literary Estate. <a href="http://www.owenbarfield.org/">www.owenbarfield.org</a></em></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US"><em><a href="http://www.owenbarfield.org/"></a>© Traducción al español por Manuel Ordax</em></span></p>
<p><!--EndFragment--></p>
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