útil / usado
June 21st, 2010 | personal, various / varios | Comments (5)“¿Puedo serte de utilidad en algo? ¿Puedo ayudarte?”.
Con esto no quiero decir que puedas sacarme un ojo para un transplante ni que quiera estar una tarde entera hablando contigo.
Hay mucha diferencia entre el uso y el abuso, entre sentirse útil y sentirse usado. Cuando te soy útil me siento bien y estoy dispuesto a seguir a tu lado por si en otra ocasión me necesitas.
Pero cuando me usas me siento mal, como un trapo de cocina sucio. No quiero volver a dejarme usar por ti porque no valoras lo que te ofrezco, sino sólo en qué te he sido de valor.
Y es en el concepto de valor donde surge el principal problema. ¿Valgo, para ti, por lo que hago o por lo que soy? ¿Me buscas por lo que ves en mí o por lo que puedo hacer por ti?
Si cuando me miras y me pides un favor estás viendo sólo mis capacidades, y en qué medida éstas te pueden ser útiles en algo… es como si al ver un cerdo sólo vieras las futuras chuletas, chorizos y jamones.
¿En algún momento del proceso te has interesado por mí realmente? Y, si lo has hecho, ¿era para quedar bien y para que no se notara tanto que sólo querías usarme?
Fácilmente nos contagiamos de las técnicas psicológicas de los especialistas en marketing. Los responsables de Recursos Humanos sólo ven en la persona que tienen enfrente el potencial para una tarea concreta. Y cuando le preguntan: “¿Qué tal la familia?”, en realidad sólo quieren saber si está casado, divorciado o con hijos.
Muchas personas hacen lo mismo en sus relaciones sociales de cualquier tipo, incluso con sus amigos más cercanos.
Ayer me usaste. Hoy me usaste. Mañana me lo pensaré antes de acercarme a ti.
Pero si me buscas y te encanta pasar tiempo conmigo. Si eres sincero cuando me preguntas “¿Cómo estás?” e incluso esperas una respuesta que no sólo sea “bien”, porque tus ojos y oídos siguen atentos… Entonces, te aseguro, sacarás más de mí de lo que crees. Te ofreceré todo porque me valoras, haga o no haga algo por ti. Te sea o no útil para algo.
Es muy difícil hacer un favor y saber que si no lo hubieras hecho te habrían tratado con la misma simpatía.
No soy una máquina expendedora, ni un robot de cocina, ni siquiera un cepillo de dientes. Soy persona, primero y antes de nada. Y busco a alguien que me valore por lo que soy. Porque de los que me valoran por lo que hago ya estoy harto.
Y en este proceso importa también el dinero. Aunque no es lo primordial. Estoy encantado de hacer un trabajo gratis si merece la pena. Pero si das por sentado que te lo tengo que hacer gratis, te equivocas de nuevo.
Un gran amigo* lo explicaba con un buen ejemplo: “Si tengo un amigo actor y me invita a una de sus actuaciones, porque soy su amigo estoy dispuesto a pagar por una butaca en primera fila. Y no porque soy su amigo quiero que me regale una entrada. Porque entonces no estoy ayudándole ni apoyándole en su trabajo. Como me interesa como persona y como actor, quiero pagar mi entrada”. O comprar su disco en lugar de copiarlo ilegalmente. O comprar su libro en lugar de pedírselo prestado a un amigo. O pagar por su trabajo aunque luego no me sirva por alguna circunstancia. Si no, vuelvo a hacerle sentir “usado”.
Una vez me encargaron desde Londres un logotipo para un teatro. Cuando les llegó la propuesta, me respondieron amablemente que había habido un malentendido y le habían encargado a otra persona el mismo trabajo y ya estaba aceptado. También me decían que mi trabajo era de gran calidad, que les gustaba mucho, y su respuesta vino acompañada por un talón de una pequeña cantidad en concepto de gastos o valoración mínima por mi tiempo y mi trabajo.
Creo que es un buen ejemplo de la forma de trabajar con ética.
No me robes mis horas y mi talento. No intentes ni siquiera pedirme un favor por nada. No me uses y me tires como un pañuelo de papel. ¿Puedes hacer algo por mí a cambio? Puedes devolverme el favor, dedicarme algo de tu tiempo, hacerme un regalo o pagarme una cantidad que, aunque no sea el valor real del trabajo, sirva para hacerme saber que valoras mis horas de esfuerzo.
Me encantaría serte útil, en el pasado, en el presente y en el futuro. Y que cada vez pueda verme en el espejo y sentirme bien conmigo mismo. No como un trapo de cocina usado, sucio y hecho un gurruño tirado en alguna esquina de la cocina.
Gracias por hacerme sentir “útil”. No vuelvas a hacerme sentir “usado”.
© Manuel Ordax (*Gracias a Nigel Goodwin por su ejemplo). Photo: Saimen/photocase

Cuanta razón tienes y es que en este empedrado que nos ha tocado pisar pasa como en las antiguas calzadas romanas, parece que son mejores que ir por el campo, pero tienen muchos cascotes y el hacer tu propio camino te da la oportunidad de pasear por lugares menos transitados, más tranquilos e incluso cruzar algún bosque (etimológicamente lugar donde se va a buscar) donde está la verdadera riqueza, la de encontrarse a uno mismo, la de SER, no la de TENER.
Cuando realmente somos nosotros mismos, es cuando mejor nos sentimos y tu pareces ser de esa rara especie que le gusta entregarse a lo que mejor sabe hacer y lo haces, sobre todo, con cariño. Sigue así, no desesperes, de sobra nos estamos dando cuenta que lo material, aunque nos hacen ver que es necesario, en realidad es efímero. A este mundo venimos desnudos y en el mejor de los casos nos vamos vestidos, pero desde luego no nos llevamos nada terrenal, todo queda aquí en la tierra y nuestras obras serán recordadas por los seres más queridos o los que más nos quieren, de estos si que hay que buscar abundancia, a los que necesitan a otros para crecer solo tenemos que perdonarles por estar en la más completa de las cegueras, LA IGNORANCIA de ver sólo a corto plazo.