El factor tiempo

May 28th, 2009 | faith issues / cuestión de fe | No Comments

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A veces aceleramos tanto, que Dios, como buen profesor de auto-escuela, tiene que pisar el freno por nosotros.

Y basta uno de sus frenazos para hacernos parar la mente, revisando nuestras ambigüas intenciones, todos nuestros planes y objetivos. Y es que Él es experto en doblar, de vez en cuando, nuestro planning por la mitad, arrancar algunas hojas de nuestra agenda y recordarnos así que sólo estamos de paso.

Pensamos que, ya que oramos de vez en cuando, todo está bajo su control; pero sólo un revés de su mano firme hace que se nos caiga la baraja de las manos y tengamos que volver a empezar.

Todas nuestras metas, incluso las más espirituales, dependen de un factor impredecible, que le pertenece sólo al Señor, el ‘factor tiempo’. Eso que nunca tenemos, porque cuando creemos alcanzar su control, se nos vuelve a escapar de las manos.

No es que Dios sea como el croupier que barre con su listín todas las fichas en la ruleta con un “se acabó el juego, señores”. No, Dios es como un cortocircuito que hace que salten los plomos y todo el Casino se ha quedado a oscuras.

Y al fin y al cabo, ¿de qué nos sirve tanto esfuerzo? La experiencia nos ha demostrado a algunos que cuanto más intentas luchar por conseguir algo, menos lo alcanzas; y cuando descansas y no luchas con tanto empeño, entonces tu sueño se hace realidad.

¿Por qué tanto afán para conseguir un coche más grande, un televisor más moderno o una casa en el campo? Tan empachados tenemos los ojos de anuncios y consumo, que apenas si vemos la necesidad real de nuestro hermano. Y recorremos los pasillos de los grandes almacenes como zombies ansiosos de la mejor relación calidad-precio.

Pero, ¿qué tiene que ver la calidad-precio con el tiempo? Las cosas de calidad duran más tiempo, las baratas menos, pero el tiempo las absorbe a la vez en un segundo, cuando se te para el corazón sin previo aviso, o un coche te barre en un paso de cebra, o un frenazo brusco te deja en una silla de ruedas.

Y si nos fuéramos ahora mismo, y sabiendo que la hoguera de nuestro justo Dios quermará tantas cosas estúpidas a las que nos aferramos. Si nos fuéramos, repito, ahora mismo… ¿cuántas cosas brillarán en las ascuas como fruto bueno, valioso, acciones vivas de alabanza a aquel que lo dio todo por nosotros?

Quítate un momento a ese diosecillo que todos llevamos en la muñeca, y que nos hace creer que controlamos nuestros días, y medita un poco mientras lo pones encima de la Biblia, abierta si es posible por el salmo 31:14-15:

“Desesperado, me dejo caer en ti:

¡Tú eres mi Dios!

Hora a hora dejo mis días en tus manos,

Seguro de las manos de mis enemigos.” (The Message) 

“En tus manos están mis tiempos (la universal y particular disposición de toda mi vida)” Biblia del Oso, Casiodoro de Reina, 1569  

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