La voluntad de Dios
March 17th, 2009 | faith issues / cuestión de fe | No Comments
Yo creía que la voluntad de Dios era un papel escrito por las dos caras, con nuestro nombre, que guardaba en su bolsillo. He buscado durante años en todos los bolsillos de su chaqueta, de su pantalón, de su camisa y abrigo sin encontrarlo. Y me he desesperado en oración horas enteras con una sola pregunta: “¿Cuál es tu voluntad, Señor, para mi vida?”
He estado dispuesto a ir a África a evangelizar, a abandonarlo todo, a casarme con quien no me gustaba, a confiar en quien no debía, a aceptar una vida de derrota y amargura… creyendo que esa era su voluntad.
Tiré los muebles de mi casa por la ventana, en un acto de fe, esperando que Dios llenara mi casa de nuevo, porque era su voluntad. Pero tres años después mi casa seguía vacía y tuve que plantearme todo de nuevo.
Quizá su voluntad esté escrita, pero ¿cómo puedo no equivocarme al interpretarla?; quizá su voluntad se adapte a mis gustos y necesidades, pero ¿qué parte adapto y qué parte no?; quizá su voluntad sea renunciar a todos mis planes y vivir al día, pero siempre termino haciendo planes aunque no quiera. Quizá su voluntad se manifiesta en las circunstancias que nos rodean, y sólo tenemos que dejarnos llevar, aunque nos lleven a cualquier sitio fuera de sus caminos…
Y siempre los puntos suspensivos se quedaban colgando al final de mis razonamientos. Un salmo los borró: “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tu eres Dios” (Salmo 143:10). No pregunta: “Enséñame tu voluntad”, sino que dice: “Enséñame a HACER tu voluntad”. Da por hecho que YA conocemos su voluntad, o que tenemos fácil acceso a ella, que no está escondida en los consejos de algún gurú.
De hecho, siempre ha estado más cerca de nuestro corazón que ninguna otra cosa. Y aunque nuestra mente haya querido ir por un camino forzado, sabíamos de alguna forma que ese no era el camino. Pero no, no es que la voluntad de Dios esté en nuestro corazón.
Su voluntad está escrita, y sólo paseando con frecuencia por los jardines de la Palabra, llegaremos a conocerla.
“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1ª Tes. 5:16-18). No es ningún truco de magia, sino una actitud de vida. Busca lo sencillo, fíate de Dios, agradécele lo bueno y lo malo que te ocurra, gózate en su esperanza, ahoga todas tus dudas, temores y ansiedades en el mar de la oración; aprende a caminar dependiendo sólo de su mano…
Y cuando estés frente a una decisión difícil de tomar, ¿has pensado en lo que realmente quieres y deseas? ¿Se te ha ocurrido que Dios respeta tus decisiones y motivos, porque te ama y adapta sus planes a los tuyos perfectamente? ¿Puede Él disfrutar de lo que tu no disfrutas de ninguna manera? ¿Es feliz Dios viendo cómo te amargas transitando un camino forzado?
Hay muchas decisiones que podemos y debemos tomar por nosotros mismos. Cosas a las que Dios no nos obliga, destinos a los que no nos dirige. Bifurcaciones en las que no nos da ni una sola pista… porque somos adultos, no niños, y nos protege en cualquier camino que tomemos, sin que nos tengamos que martirizar pensando en lo que hicimos o dejamos de hacer.
Si Dios no te habla directamente acerca de un tema (y es que a veces si que lo hace), entonces toma la decisión con sabiduría y honestidad, descansado completamente en los brazos que son más fuertes que los tuyos para que vayas “de poder en poder” (Salmo 84)
“Cuán benditos todos aquellos en los que tu vives, cuyas vidas se convierten en caminos por los que tu viajas.
Transitarán valles de soledad, vendrán por arroyos, descubrirán fuentes de agua viva y estanques frescos de agua de lluvia.
Caminadas por Dios, estas sendas se curvan en la montaña, y al final del todo, en la última curva… ¡Sión! ¡Dios completamente a la vista!”
(Salmo 84:7-8, The Message)*
Esta es, sin duda, su voluntad. La Palabra en acción, en humildad, en dolor a veces… pero en gozo profundo al final.
© Manuel Ordax
*”And how blessed all those in whom you live, whose lives become roads you travel!,
They wind through lonesome valleys, come upon brooks, Discovery cool Springs and pools brimming with rain!
God-traveled, these roads curve up the mountain, and at the last turn—Zion! God in full view!”